Oskar Speck, el hombre que decidió remar su kayak desde Alemania a Australia

El palista récord de Hamburgo Oskar Speck en una fotografía sin fecha en la costa de Timor. En la proa se puede ver el banderín con la esvástica. La fotografía fue posteriormente coloreada.

Hacía tan sólo 36 años desde que  Otto Von Bismark firmara la proclamación de Alemania como estado nación dejando atrás los 1028 años de historia sucedidos desde la división del Imperio Carolingio de Carlomagno, unificando, bajo la denominación de Imperio Alemán a 26 estados alemanes, incluidos cuatro reinos, seis grandes ducados, cinco ducados, siete principados, tres ciudades hanseáticas libres y un territorio imperial, cuando llegó al mundo en Altona, muy cerca de Hamburgo, un 4 de marzo de 1907 Oskar Speck, el protagonista de una de tantas  aventuras más insólitas y  fascinantes del vertiginoso siglo XX

Aquel joven Imperio Alemán se había consolidado como la primera potencia industrial y militar, rivalizando con Gran Bretaña. El enorme empuje económico alemán facilitó que se redujera la jornada laboral y se extendieran lo seguros médicos a más población que nunca en la historia. Con una política expansionista y colonialista en competencia con las demás potencias de la época, crecían las tensiones internas y el socialismo estaba en auge, hasta el estallido de la Primera Guerra mundial en la que Alemania sufrió una devastadora derrota.

La guerra dejaría 2 millones de muertos alemanes, hambre y crisis económica, culminando con la abdicación del káiser Guillermo y la firma del humillante Tratado de Versalles de 1919 que impuso a Alemania unas durísimas condiciones económicas para reparar el daño provocado1.

En 1925 Hans Hoeflmayr, fundó el astillero Pionier Faltboot junto con su compañero de colegio, el ingeniero aeronáutico Hermann Locher. Los kayaks plegables consistían en una cubierta de algodón impregnado y un armazón de madera. Las embarcaciones plegables eran muy populares en aquella época. Los propietarios podían ensamblarlas y transportarlas en autobús o tren. No tenían que depender de su propio coche. Esto les permitía usar la embarcación en diversas masas de agua. Las barcas plegables «Pionier» se diferenciaban de otras marcas por su construcción: Eran muy elegantes y de una construcción preciosa, con una proa especialmente esbelta» Esto hacía que las «Pionier» fueran más rápidas que otras embarcaciones.

Desaparecía el Imperio Alemán y nacía la república que duraría hasta tras proclamar una constitución firmada en Weimar en 1919.  Fue una época marcada por inestabilidad política, golpes de estado y una crisis económica sin precendentes2, enfrentó reparaciones de guerra, intervención extranjera y conflictos internos.
La infancia y adolescencia en Hamburgo estuvieron marcadas por la Primera Guerra Mundial, la hiperinflación y  los cambios económicos y sociales derivados de la derrota de Alemania.

A los 14 años, en 1921, Speck abandonó la escuela para trabajar en Hamburgo como aprendiz en la empresa eléctrica, de su padre, en un contexto de penurias que alimentó su deseo de libertad. Se trataba de un negocio que empleaba a 21 trabajadores y se dedicaba a reparar y mantener sistemas eléctricos para hogares e industrias locales, un sector clave en una ciudad portuaria en reconstrucción tras la guerra.

Speck era un apasionado y competitivo  kayakista  miembro de un club náutico en Hamburgo, donde los kayaks plegables (faltboot), como su «Sunnschien», fabricado por Pionier Faltboot Werft en Bad Tölz, eran populares por su portabilidad en trenes y autobuses.  El kayakismo era un deporte popular en la Alemania de Weimar, impulsado por clubes juveniles que promovían el atletismo. Este espíritu de competitividad, vida atlética y la práctica del deporte al  aire libre reflejaba una pasión germánica por el atletismo, la destreza física y la conexión con la naturaleza. Este deporte, que requería destreza y resistencia, se convirtió en su vía de escape, especialmente porque no sabía nadar, lo que añadía un desafío personal a su afición. 

Oscar Speck y un niño a bordo de su kayak «Sunnschien» en un río de Alemania, aproximadamente en 1930.-(ANMM-Collection)

La Gran Depresión de 1929 devastó la economía alemana, con un desempleo que alcanzó el 30% en 1932, llevando a la quiebra la empresa que ya dirigía en ese momento. Junto a millones de alemanes,  se encontró en paro y sin muchas opciones de futuro. El  cierre de se empresa le brindó la oportunidad de dedicarse a dos intereses que determinarían su futuro: la geología y el kayak. 

La partida 

Con una pequeña cantidad de dinero, parte del cual fue recaudado por su familia, Speck, de 25 años, partió en autobús desde Hamburgo hacia Ulm, en el río Danubio. Esta odisea moderna comenzó el 13 de mayo de 1932 como un viaje fluvial por las aguas tranquilas del Danubio, que lo llevaría primero a la costa mediterránea con la intención inicial de llegar a Chipre donde buscarçia trabajo en las minas de cobre, donde sabía que estaban buscando trabajadores.

«“Los tiempos en Alemania eran muy catastróficos… todo lo que quería era salir de Alemania por un tiempo”, dijo Speck en una entrevista grabada por Margot Cuthill para la televisión SBS de Australia en 1987.

No tenía idea de que eventualmente terminaría en Australia… pero tomé mi bote plegable, fui a Ulm y luego bajé por el Danubio hasta la frontera con Yugoslavia… dejar Alemania y ver el mundo parecía una mejor opción.” (Oskar Speck en entrevista con Duncan Thompson, Australasian Post, 6 de diciembre de 1956).

1935 Oskar Speck llevando una «Schiffermütze» -gorra marinenra.
1935 Oskar Speck alos 28 años llevando una «Schiffermütze» -gorra marinera.

Desde el principio, Speck buscó los desafíos de las aguas bravas y los rápidos. Al encontrar el Danubio demasiado tranquilo, decidió viajar a Skopje (en lo que entonces era Macedonia) para probar sus habilidades en los rápidos del río VardaR. Su kayak, de cinco años, se dañó en el intento. Realizó reparaciones en Veles mientras esperaba que el río congelado se descongelara y continuó hacia la costa mediterránea.  Mientras tanto se mantenía informado acerca de la inestabilidad política en Alemania, donde se sucedían elecciones y enfrentamientos entre nazis y comunistas, a través de las cartas que recibía de su hermano Heinrich y amigos.

Hemos tenido otra ronda de elecciones el pasado domingo. Creo que fue la quinta este año. El resultado es nulo. Los nazis perdieron un poco y los comunistas ganaron un poco… todos están ansiosos por seguir tu ‘viaje alrededor del mundo’… si no logras entrar en Turquía, etc., intenta con Rusia, están buscando trabajadores especializados, aunque solo en caso de emergencia” (Carta del hermano menor de Speck, Heinrich, 10 de noviembre de 1932). 

De los ríos al mar

Tuvo que aprender a navegar en el mar al llegar al mar Egeo, enfrentándose a grandes olas en su kayak plegable, algo que nos resultó fácil. Poco después de iniciar esta etapa marítima, casi colisiona con un carguero. Al llegar al Mediterráneo en Salónica, Grecia, Speck izó una pequeña vela y fue saltando de isla en isla por el Egeo . Para cruzar el Mediterráneo, Speck tuvo que dominar la navegación y el remo durante los trayectos entre las islas griegas. Esto implicó una mayor dependencia del timón operado con los pies y el uso de la vela.

Según todos los estándares razonables, estaba loco… Los faltboots no están diseñados para el mar… puedes navegar mientras el clima es favorable, pero debes estar constantemente activo, siempre dirigiendo para posicionar la proa del bote correctamente ante cada ola

Desde Rodas, Speck siguió a lo largo de la costa de Turquía, cruzando desde Anamur hasta Chipre, una distancia de 45 millas náuticas. Fue al llegar a Chipre donde los planes de Speck dieron un giro importante. Aunque su interés por los minerales y la perspectiva de trabajar en las minas de cobre eran lo que le había llevado allí, impulsado por un renovado espíritu de aventura, decidió continuar sus viajes. La aventura era más atractiva que el trabajo en la mina y fijó Australia como su nuevo objetivo.

En Chipre, el fabricante de su kayak, Pionier Faltboots, se convirtió en su patrocinador, enviándole kayaks de repuesto cada vez que uno se rompía, a cambio de que Speck enviara fotos y relatos de su travesía para promocionar la marca. En total, recibió cuatro kayaks nuevos durante el viaje.

Aunque Speck describió su kayak como “un boleto de primera clase a cualquier parte”, la realidad de viajar en una embarcación tan pequeña era que debía remar cerca de la costa siempre que fuera posible. En tierra, dormía en el kayak tras retirar los tanques de la proa y la popa para hacer más espacio. Un toldo de lona improvisado proporcionaba refugio contra el sol. En mar abierto, no había posibilidad de dormir. Hacerlo implicaría el riesgo de volcar o algo peor. Durante el viaje, Speck volcó varias veces al surfear hacia la costa. El hecho de que sobreviviera a un viaje tan peligroso es aún más notable considerando que Speck no sabía nadar.

El Cercano Oriente

Decidí que Suez ofrecía un camino demasiado trillado – ¿por qué no desembarcar en la costa siria y tomar un autobús hasta Meskene en el alto Éufrates…?” Fiel a su palabra, Speck desembarcó en Latakia, Siria tras dos días en el mar desde Chipre. Allí tomó un autobús a lo largo de 320 kilómetros a través del desierto hasta alcanzar el río Éufrates. Continuó remando hasta llegar a el Shatt al Arab, la confluencia de los ríos Tigris y Éufrates) , y luego continuó su singular viaje hasta Al Basrah. Desde el Shatt al Arab, Speck cruzó el Golfo Pérsico hacia Irán.

Mientras esperaba en Bandar Abbas, Irán, por su primer kayak de reemplazo, Speck contrajo malaria, dolencia que lo afectaría periódicamente durante toto el viaje. En el estrecho de Ormuz, mientras descansaba en tierra, le robaron el kayak y sus pertenencias en la frontera entre Irán y Pakistán. Speck informó a la policía que había dinero en su kayak, y previo soborno de cuarenta libras, al día siguiente lo llevaron hasta él. “Llegamos a un dhow, y allí, sobre su proa, estaba mi kayak. No habían tocado nada en él.”

India y los trópicos  

Durante su estancia en Baluchistán Británico (Pakistán), Speck conoció en una playa  Sir Charles Geoffrey Prior, el funbcionario británico al cargo durante el periodo de transición hacia la independencia de Pakistán. Fue invitado a unirse a este, quien habia sido invitado por los maharajás de Kalat y Las Bela en una partida de caza. Pronto, Speck se convirtió en el centro de atención de la India británica y a hacerse famoso por su extravagante aventura. Era invitado de honor en cenas, y recibía donaciones y regalos que mantuvieron su viaje a flote, pues hacía tiempo que había agotado sus escasos ahorros al salir de Hamburgo.

Mientras tanto, su familia, en una Alemania sumida en el auge de Hitler y la recuperación económica, le imploró a Speck que regresara. Abundaban los trabajos, razonaban. Pero Speck ahora era adicto a la aventura. Siguió adelante, siempre hacia el sur. Continuó su viaje siguiendo la costa india y en Bombay (Mumbai), con apoyo local, pudo dar charlas públicas para financiar su viaje. En Madrás (Chennai), fue contactado por la Asociación de Boy Scouts , quienes estaban ansiosos por recibirlo, pues su creciente fama le precedía. Allí esperó un nuevo kayak antes de remar por las costas de la Bahía de Bengala.

A donde quiera que iba, me rodeaban multitudes… nadie había visto antes este tipo de bote

Kette está a punto de lanzar el bote de carreras olímpico en versión individual y doble. Eso es una señal de que se realizarán carreras de remo en los Juegos Olímpicos de Berlín. ¿Por qué no participas? Deberías estar en condiciones de ganar un trofeo en Alemania.” (Carta a Oskar Speck de un amigo de Altona, 15 de abril de 1935).  De este modo le animaban sus amigos a tratar de clasificarse para participar en la disciplina de kayak en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Mientras estaba en Birmania, Speck intentó clasificarse para los JJOO en la prueba de kayak de 10,000 metros, pero no logró hacer el tiempo mínimo requerido, con lo que decidió continuar su viaje, que lo llevó a lo largo de la costa oeste del istmo de Kra en Tailandia y la Malasia peninsular. 

1938 Oskar Speck en algún lugar de medio oriente- (Ullstein Bild-Getty images)
1938 Oskar Speck en algún lugar de medio oriente- (Ullstein Bild-Getty images)

Al llegar a Singapur a través del Estrecho de Malaca, Speck recibió otro kayak. Cuando llegó a Indonesia, donde fue recibido con entusiasmo por cientos de alemanes orgullosos de su proeza. A su llegada a Batavia (la actual Yakarta) un oficial nazi le dio a Speck una notable suma de dinero. Desde ese momento la figura de Speck empezó a asociaciarse con el auge del fascismo alemán. Esa imagen lo acompañó durante el resto de su viaje.
En la nueva embarcación remó y navegó por las Indias Orientales Holandesas (Indonesia). En Java, adquirió una cámara de cine de 16 mm. Las imágenes etnográficas supervivientes tomadas entre 1938 y 1939 detallan la diversidad cultural de las gentes que Speck encontró viviendo más allá del mar de Java hasta la isla principal de Nueva Guinea y sus islas. Transportan al espectador a un mundo de vida en aldeas costeras de indudable valor etnográfico. Mientras se recuperaba de un severo episodio de malaria, Speck dejó Bali rumbo a Lombok. La dureza  del cruce provocó una recaída. Speck fue atendido y luego recibido por el Kepala Kampong -jefe del pueblo.

Atacado en Molucas

Tras llegar a la isla de Lakor en las Molucas, Speck vivió la más aterradora de las experiencias. Aproximadamente 20 personas armadas con lanzas, espadas y machetes lo despertaron y acosaron. Logró mantener a raya a aquel agresivo grupo blandiendo una pistola descargada, pero pronto fue arrastrado fuera de su kayak y atado de manos y pies con tiras de cuero de búfalo mientras saqueaban su embarcación. Fue abofeteado y pateado en la cabeza, lo que le causó la ruptura de un tímpano. Tras varias horas de forcejeo, logró aflojar sus ataduras mordisqueando las tiras de piel con las que lo habían inmovilizado, y regresó a su kayak, recuperando su cámara, películas y ropa.

Con heridas físicas y morales, Speck continuó su ruta rumbo a Australia. Se vio obligado a rodear el norte de Nueva Guinea, remontando la costa norte hasta Port Moresby (Papúa) en agosto de 1939. En aquella región selvática sabía que lo acechaban peligros reales: tiburones y gigantescos cocodrilos de río, de hasta ocho metros, que poblaban sus aguas.

En las aguas de Australasia 

Con un nuevo kayak, Speck cruzó desde las islas Kai en el mar de Banda hasta la costa de Nueva Guinea Holandesa, una distancia de 200 km recorrida en a lo largo de 34 interminables horas. Su llegada al territorio holandés causó un dilema para el administrador local, quien no estaba seguro de si arrestar a Speck u otorgarle un permiso de viaje. Finalmente  se le emitió un permiso y Speck siguió la costa de Hollandia hasta Madang, filmando comunidades en el camino. 

1939 Oskar Speck en Nueva Guinea Photo: Dirk Deklein
1939 Oskar Speck en Nueva Guinea Photo: Dirk Deklein

En la isla Samarai, se quedó con los O’Donnell, una familia australiana que operaba la estación de radio costera local. En una reciente entrevista de historia oral, Bill y John O’Donnell, que eran niños en ese momento, recuerdan haber escuchado una transmisión de radio de onda corta de Adolf Hitler junto con Speck y sus padres.  A la mañana siguiente, la familia observó desde la playa cerca de su casa cómo Speck partía de la isla Samarai.

Para cuando llegó a Papúa Nueva Guinea en 1939, Speck era mundialmente famoso, pero no necesariamente en el buen sentido. El mundo estaba sumido en la guerra. Su asociación con el oficial nazi en Indonesia hizo que muchos se preguntaran si se trataba de un espía alemán. Su discreta navegación por las vías navegables del este habría sido una excelente manera de elaborar mapas y realizar un breve reconocimiento. En Daru (Nueva Guinea) se enteró por pescadores de que Australia estaba en guerra con Alemania. Un oficial local de Papúa consideró arrestar a Speck por sus vínculos con Alemania, pero finalmente decidió permitirle continuar su camino. Las autoridades locales le permitieron continuar hacia el Estrecho de Torres hasta Saibai y luego a la isla Thursday en septiembre de 1939, El momento de su llegada fue fotografiado por Siri Mendis, un joven de Sri Lanka que vivía en el lugar. Tres policías lo arrestaron entre exclamaciones de felicitación «Felicitaciones por un logro increíble, Herr Speck», dijo uno de los policías. «Lamento informarle que está arrestado»

1939 Oskar SPeck en la isla Thursday
1939 Oskar SPeck en su llegada a la isla Thursday

Detenido en Australia

La sorprendente llegada de Speck con una cámara en tiempos de guerra generó preguntas sobre sus actividades en la región, por qué y para quién estaba filmando, y si actuaba como agente de los alemanes. La policía sospechaba del contenido de las grabaciones de Speck.

El gobierno australiano, en guerra contra el Eje, lo consideró un “súbdito enemigo” y lo internó en un campo de prisioneros. Pasó un mes en la isla Thursday antes de ser transferido por la Marina Real Australiana (RAN) a Brisbane. Desde Queensland, fue enviado al campo de internamiento de Tatura, en el valle de Goulburn, Victoria.   El 9 de enero de 1943, Speck escapó del campo. Había hecho un pacto con su amigo y compañero de internamiento, Frederick Embritz, para escapar y reunirse en Sídney frente al hipódromo de Randwick. Aunque Embritz llegó al punto de encuentro en Randwick, Speck nunca apareció. Estuvo prófugo durante varias semanas hasta que fue detenido por la policía en Melbourne. 

Vestido con ropa de civil y en posesión de una bicicleta, Speck fue reconocido por la policía en Kew gracias a una fotografía. Inicialmente negó ser un internado, pero tras más interrogatorios admitió ser Oskar Speck. La policía lo describió como “un prisionero ingenioso” y lo entregó a las autoridades militares. Su castigo consistió en 28 días en confinamiento aislado y el traslado a Loveday, en Australia del Sur, donde permaneció por el resto de la guerra.  

Vida en Australia y legado

Oskar Speck, Nancy y sus amigos en su casa de Killcare, Australia
Oskar Speck, Nancy y sus amigos en su casa de Killcare, Australia

Cuatro días después de su liberación del campo de internamiento de Loveday en enero de 1946, Speck estaba en Lightning Ridge extrayendo ópalo. Se estableció en la Australia de posguerra y fundó un exitoso negocio de corte de ópalos.

Aunque los logros de Speck fueron ampliamente reportados en Europa, pocos en Australia, fuera de los círculos de piragüismo, conocían su historia. El remo de doble pala de Speck fue entregado al remero Carl Toovey como trofeo conmemorativo por ganar el maratón de 100 millas del Nepean del Cruising Canoe Club en 1951 y 1952. Este fue el primer evento de remo de maratón celebrado en Australia. Toovey y Speck se hicieron amigos y remaron juntos alrededor de Pittwater y el puerto de Sídney.  

Construyó su propia casa en la ladera de una colina en Killcare Heights y se retiró allí en la década de 1970. Durante 30 años, su compañera Nancy Steele viajaba desde Sídney a Killcare cada fin de semana para visitarlo. Vivió con él durante los últimos dos años de su vida. Speck falleció en 1995 a los 86 años tras una larga enfermedad, dejando tras de sí la leyenda del kayakista que surcó siete mares y continentes con una determinación inquebrantable.

Mapa del extraordinario recorrido de Oskar Speck desde Ulm hasta su destino final en Australia
Mapa del extraordinario recorrido de Oskar Speck desde Ulm hasta su destino final en Australia
Año UbicaciónEvento clave
1932Ulm, AlemaniaComienza el viaje por el Danubio hacia Chipre.
1932-33Río Vardar, MacedoniaEnfrenta rápidos, daño al kayak, pasa el invierno reparando.
1933ChipreDecide continuar hacia Australia, inspirado por la aventura.
1934Bandar Abbas, IránContrajo malaria, espera seis meses un nuevo kayak.
1934India británicaRecibido como celebridad, donaciones para continuar.
1935Ceilán (Sri Lanka)Conoce a Christina Rasmuson y recibe apoyo emocional y financiero.
1936BirmaniaEnfrenta monzones, describe agotamiento físico en su diario.
1937Batavia (Yakarta)Sospechas de espionaje por vínculos con la comunidad nazi local.
1939AustraliaLlega el 20 de septiembre, internado como enemigo extranjero durante la guerra.

Pero mejor dejemos que sea el propio Speck quien narre su aventura

Épico viaje de Oskar Speck desde Alemania hasta Australia

– Oskar Speck narra su aventura al periodista Duncan Thompson en las entrevista publicada el 6 de diciembre de 1956 en el «Australasian Post» –

Podrías pensar que fueron los Juegos Olímpicos de Melbourne los que introdujeron el kayak en Australia. Estarías (comprensiblemente) equivocado. El señor Oskar Speck, ciudadano de Hamburgo, Alemania, nos presentó el kayak en 1939. ¡Lo remó hasta aquí, solo! Durante siete años lo remó, desde Ulm en el Danubio, hasta Australia, bordeando la furia de grandes mares y océanos, deslizándose de isla en isla, en una embarcación nunca diseñada para el mar. Que no hayas oído hablar de su llegada no fue culpa suya ni tuya. Speck eligió un período equivocado en la historia mundial para su asombroso viaje: 30,000 millas en una frágil canoa de estructura y lona. Para el kayak, la ruta más larga rodeando las costas del mundo es el único camino a casa. Alemania estaba en paz (y sumida en la pobreza) cuando Speck dejó Ulm en 1932.Que no hayas oído hablar de su llegada no fue culpa suya ni tuya. Speck eligió un período equivocado en la historia mundial para su asombroso viaje: 30,000 millas en una frágil canoa de estructura y lona. Para el kayak, la ruta más larga rodeando las costas del mundo es el único camino a casa. Alemania estaba en paz (y sumida en la pobreza) cuando Speck dejó Ulm en 1932.

Siete años después, en septiembre de 1939, guió su kayak a través de las olas y llegó a la playa de Saibai, una isla a 60 o 70 millas al norte de la Isla Thursday. Oficialmente, Saibai es parte de Australia. En la proa, a menudo cubierta por las olas, ondeaba una pequeña esvástica que había traído desde Alemania. Tres policías australianos lo esperaban para que atracara su kayak. Si esto era la invasión alemana, estos policías podían manejarlo. “¡Bien hecho, amigo!” le dijeron, estrechándole la mano cálidamente. “Lo lograste, de Alemania a Australia en eso. Pero ahora tenemos malas noticias para ti. Eres un extranjero enemigo. Vamos a detenerte.” Y así lo hicieron.

«Felicitaciones por un logro increíble, Herr Speck. Lamento informarle que está arrestado»

Speck fue encerrado tras las alambradas en Tatura, Victoria. La seguridad confiscó su Leica y películas; desde entonces ha recuperado la mayoría de sus películas. La censura silenció la historia de su viaje. Por eso nunca has oído hablar de Oskar Speck. En esta edición, POST tiene el honor de comenzar la historia de la historia a lo largo de siete años de este hombre. Aquí comienza…

«Originalmente, no tenía la intención de escribir la historia de mi viaje. Solo quería contarle a los australianos sobre los faltboots (botes plegables), la versión moderna del antiguo kayak esquimal. Pero, ¿reconocerían los australianos mi autoridad para hablar al respecto? En Alemania, era un kayakista reconocido antes de 1932. A medida que avanzaba mi viaje y los informes llegaban a casa desde Chipre, Grecia, India, fui reconocido como el experto en kayak marítimo más experimentado del mundo.»

«Mi viejo remo fue un trofeo para el ganador de la Carrera de Canoas Maratón, Carl Toovey, quien remó 100 millas en el río Hawkesbury, NSW, en 18 horas y 32 minutos. Los navegantes en Australia me conocen; he sido elegido miembro honorario del Club de Canoas de NSW, y el kayak con el que llegué aquí fue regalado a un miembro del Club de Canoas del Río.»

«Pero la mayoría de los australianos no me conocían en absoluto, excepto, tal vez, como un nombre que aparecía de vez en cuando en los periódicos locales que informaban brevemente sobre el progreso de las primeras partes de mi viaje. Solo un relato más completo del viaje me presentará. Espero que los convenza de que soy un kayakista habilidoso; si no lo fuera, hubo muchas ocasiones peligrosas en el viaje en las que habría perecido. Pero también tuve suerte. Sólo con suerte sobreviví para adquirir la habilidad que me llevó a través de mares hostiles en las últimas partes del viaje.»

El kayak original, de forma primitiva, fue utilizado por los esquimales durante muchos siglos. Los kayaks más modernos y aerodinámicos, hechos de madera maciza, han sido parte del deporte y la recreación en Europa durante muchos años. Pero estos no eran útiles para los habitantes de la ciudad. No podían llevarse un gran bote a casa y estacionarlo en sus apartamentos urbanos. Y en Europa, alquilar un pequeño cobertizo para botes o incluso almacenar uno es demasiado caro para el hombre común.»

Los primeros tramos del viaje de Speck fueron financiados por familiares, pero en la India encontr√≥ benefactores entre los británicos. Finalmente, terminó navegando bajo una bandera con la esvástica (en la proa de su barco) después de que los nazis tomaran el poder en Alemania y le prestaran dinero.
Los primeros tramos del viaje de Speck fueron financiados por familiares, pero en la India encontró benefactores entre los británicos. Finalmente, terminó navegando bajo una bandera con la esvástica (en la proa de su barco) después de que los nazis tomaran el poder en Alemania y le prestaran dinero. Contó con el patrocinio de Pionier Faltboots el fabricante de su kayak «Sunnschien»

«Lo que se necesitaba era un bote que no solo fuera seguro para descender rápidos, ligero para transportar, sino que también se plegara en un paquete pequeño, fácil de llevar en tren o autobús al lugar del deporte de fin de semana. El inventor del kayak «faltboot» cumplió con todos estos requisitos. Consiste en un armazón de varillas de madera muy ligeras y flexibles, sobre las cuales se ajusta una tela de caucho laminado y lona como una piel.»

«Su diseño es tan ingenioso que, una vez armado, se vuelve tan rígido como su prototipo de madera. Desmontado y empaquetado, puede guardarse en cualquier rincón de una casa o apartamento. Hay modelos de uno y dos asientos, que pesan 40 y 65 libras, respectivamente. Los ferrocarriles continentales redujeron las tarifas para los «faltboot, para hacer esta recreación accesible a las masas. Durante el verano, decenas de miles de «faltboot recorren los ríos y lagos de Europa.»

«¿Dimensiones? Mi kayak de dos asientos (del que saqué el segundo asiento) pesaba 65 libras, medía 18 pies de largo con una manga de 33 pulgadas y un francobordo de 9 3/4 pulgadas. Podía llevar una carga de 650 libras. Con buen viento y mar tranquilo, podía alcanzar hasta 6 1/2 nudos. Cargado y propulsado por un solo remero, podía hacer tres nudos. Las corrientes, por supuesto, afectan estas velocidades. Su vela mide 16 pies cuadrados, pero un viento fuerte hace que navegar sea arriesgado. El timón se opera con los pies, con cables que conectan el timón al control de los pies.»

«Para mi viaje, llevaba un remo de repuesto, una brújula prismática, cartas náuticas y “guías costeras” que muestran cada punto de referencia, cada profundidad, cada pequeña ensenada y acantilado. Tenía dos contenedores de latón impermeables grandes para mis películas, cámaras y ropa. El agua dulce iba en tanques pequeños adaptados a los lados del kayak, que contenían cinco galones. ¿Agua dulce, dije? En muchos lugares tropicales de mi ruta, el agua “dulce” era de un verde intenso. Así que también llevaba cocos jóvenes, confiables para una bebida libre de gérmenes, y leche condensada.»

«He dado las especificaciones del «faltboot«. Pero mi kayak demostró tener cualidades que ni siquiera el fabricante reclamaba. Me ganó amistades en todo el mundo. Fue un boleto de primera clase a todas partes. Un poco restringido mientras se viajaba, más que un poco peligroso, pero me trajo privilegios que un pasajero en una suite de lujo de un transatlántico nunca conocerá.»

Oskar-Speck-credit-Dirk-Deklein
«Sunnschien» era un kayak doble – para dos remeros – convertido para uno solo, para dejar espacio para el equipaje y las provisiones. Su estructura de madera ligera y flexible lo hacía seguro para descender rápidos, ligero para transportar y podía desmontarse en un paquete pequeño cuando era necesario. Estaba construido con una cubierta de caucho laminado y lona sobre la estructura, y tenía 5,49 metros de longitud, capaz de llevar una carga de casi 300 kg. Se dirigía con un timón controlado por los pies y se impulsaba con un remo de doble pala. Estaba equipado con una pequeña vela de cangreja con una superficie de 1,49 metros cuadrados. El equipaje de Speck consistía en un remo de repuesto, dos contenedores de latón impermeables para sus películas, cámaras, ropa, documentos, guías costeras, pasaportes, cartas náuticas, un compás prismático y una pistola. El agua dulce se almacenaba en tanques de cinco galones (18,9 litros) adaptados al lateral del kayak. Cuando el agua no era confiable, los cocos proporcionaban una bebida muy necesaria. Comía comida local siempre que era posible y la complementaba con carne enlatada, pescado y leche condensada.

«Siempre recordaré el encuentro con el Gobernador de Baluchistán Británico, Sir Norman Carter.3 Se había organizado una partida de caza para él por los dos maharajás locales, y se había erigido un campamento magnífico, completo incluso con arcos triunfales, cerca de la playa. Fue pura casualidad que hubiera desembarcado en esa playa un poco antes.»

«Sir Norman y sus ayudantes caminaban hacia la playa. Allí para recibirlo, con coloridos séquitos y en todo su esplendor real, estaban los Maharajás de Kalat y de Las Bella. A su vez, sus nombres fueron anunciados al Gobernador. Él se giró a la derecha, inclinándose rígidamente ante el Maharajá de Kalat; luego a la izquierda, inclinándose igual de rígidamente ante Su Alteza el Maharajá de Las Bella. Entonces me vio, vestido con una camisa y pantalones informales sacados de mi tanque impermeable. Sir Norman se acercó rápidamente y me estrechó la mano cálidamente. “Permítame felicitarlo, señor Speck,” dijo. “Una actuación espléndida.” Insistió en llevarme a su carpa, y con sus propias manos me sirvió una bebida mientras escuchaba mi historia. Dos maharajás celosos esperaban afuera para que comenzara la cacería. Tales bienvenidas no están garantizadas por la Compañía Pionier Faltboot, fabricantes de mi kayak, pero se podían esperar, no obstante. Pero dejemos que comience mi viaje»

En Hamburgo, había sido contratista eléctrico, empleando a 21 personas. Luego vino la depresión. En 1932, mi fábrica no tenía trabajo, y tuve que liquidarla. No parecía haber esperanza para mí en Alemania. Pero escuché que podría haber trabajo que pudiera hacer en las minas de cobre en Chipre. No soñaba con ir a Australia entonces. Tenía un poco de dinero, suficiente para equipar mi bote. Así que, una mañana, tomé mi kayak plegado y los suministros a Ulm en tren. Allí, junto al Danubio, armé el armazón de fresno y coloqué la piel de caucho y lona sobre él. Cargué todo y, sin alboroto ni despedida de nadie, partí a remar río abajo en dirección al mar Mediterráneo. Según cualquier estándar sensato, estaba loco. Los «faltboot no están construidos para el mar. Si debes compararlos con un vehículo terrestre, son más parecidos a la bicicleta. En una bicicleta, debes seguir pedaleando y dirigiendo o te caes. En un «faltboot«, puedes navegar mientras el clima es amable, pero debes estar constantemente activo, dirigiendo para posicionar la proa del bote correctamente para enfrentar cada ola.»

«Toma una sola ola mal y tu bote girará de lado, volcarás y te inundarás. Tu primer vuelco en mar abierto será el último. Cuando el viento se vuelve fuerte, debes recoger tu pequeña vela y remar. A veces he tenido que remar durante 16 horas seguidas sin un momento de descanso. La vida se convierte en una monotonía interminable de remar, con los brazos y hombros doloridos, y todo tu cuerpo anhelando una cosa: dormir. Pero no debes ni siquiera quedarte dormido por un momento. Debes estar constantemente usando el timón, enfrentando cada ola correctamente.»

«En los barcos más grandes, los marineros rezan cuando se meten en problemas. En mal tiempo en un kayak, uno también reza, pero con ambas manos agarrotadas alrededor del remo, ambos pies tensos en la barra del timón. No hay oraciones largas, tampoco: solo un grito por la supervivencia, y solo Dios sabe cuántas veces se repite esto. Rezar por la supervivencia y acumular una furia emocional contra los elementos: así es como se lucha contra una tormenta. Tuve suerte con el clima en la primera parte de mi viaje, y solo esa suerte me permitió vivir para adquirir la habilidad y experiencia que me llevaron a través del resto.»

«En mi viaje tuve 10 vuelcos, pero siempre ocurrieron al atravesar las olas hacia la playa, nunca en el mar. El kayakista aprende que tiene poco que temer de las olas que vienen de frente si se toman en ángulo recto. Pero las olas que vienen desde atrás nunca deben pasar bajo el bote en ángulo recto. Si lo hacen, el pequeño timón se levantará del agua, se pierde el control del bote, gira de lado y vuelca. Es el fin.»

«Mi viaje iba a durar siete años. Remé y navegué a través de la frontera germano-austríaca, pasando por Viena, hasta Hungría. ¡Llegué a la famosa Puerta de Hierro en el Danubio! Todos los guías de canoas están llenos de historias sobre ella; todos aconsejan la máxima precaución. Aquí el Danubio atraviesa orillas sombrías y empinadas, y hay remolinos tremendos que pueden arrastrar a cualquier remero incauto. Mantuve una vigilancia aguda. Evité los remolinos más grandes. Mi kayak se deslizó rápidamente sobre los más pequeños. La suerte me permitió pasar.»

«En la frontera entre Bulgaria y Yugoslavia decidí que el Danubio era demasiado manso. Quería un nuevo río para conquistar, y a solo una corta distancia a través del país estaba el río Vardar, que nunca había sido navegado. Las partes altas del Vardar resultaron salvajes. El río se precipita a través de montañas empinadas, con una sucesión de rápidos feroces esperando para lanzar al canoeísta hacia adelante y hacia abajo por las gargantas.»

«Llegué a Veles, en Macedonia, con la mitad de las costillas del kayak rotas. Era inútil continuar. Envié la piel del kayak de vuelta a Alemania para reparaciones, y hicieron un trabajo tan bueno que, cuando me la devolvieron, las aduanas macedonias insistieron en que era una embarcación nueva y querían cobrarle como tal. Luego, el Vardar se congeló por completo. En total, estuve retenido cinco meses en Veles. Era primavera cuando finalmente pude partir. Crucé la frontera entre Macedonia y Grecia, y desembarqué en la orilla opuesta del río frente al Ferrocarril Transcontinental. En el lado del ferrocarril, el río corría cerca de orillas empinadas.»

«Mientras montaba mi tienda (llevaba una pequeña tienda hasta que se pudrió y tuve que desecharla), pasó un tren al otro lado del río; lo que no sabía era que la tripulación del tren en la siguiente estación me denunció como un personaje sospechoso. Alrededor de la medianoche, me despertaron unos gritos, y al abrir la solapa de mi tienda, me encontré mirando dos carabinas sostenidas por dos guardias fronterizos. Sus dos caballos estaban justo detrás de ellos. No compartíamos ningún idioma, así que les mostré mi pasaporte. Tras murmurar sobre él por un rato, uno de los guardias me indicó que montara el caballo del segundo guardia. Dejando al segundo guardia atrás, los dos cabalgamos durante dos horas por colinas salvajes hasta llegar a una fortaleza, donde fui presentado al comandante. Era un joven oficial encantador. En cuanto vio el visado griego en mi pasaporte, ofreció disculpas profusas y luego insistió en que entrara a su habitación a tomar café y vino.»

«En Salónica me enfrenté el mar por fin. Con pocos incidentes, mi viaje por la costa de Grecia fue el sueño de un kayakista, y finalmente estaba desembarcando mi kayak en Andros. Apenas había tocado tierra cuando dos niñas griegas con vestidos blancos de domingo se acercaron por la arena hacia mí, llevando un pan redondo con tres huevos de colores incrustados en él. ¡Era el Día de Pascua, y esta era la bienvenida de Andros! Andros es una isla próspera, y me llevaron a un baile en el Club de Armadores, donde chicas encantadoras que hablaban inglés mejor que yo bailaron conmigo. Ahí tienes el contraste que el kayak puede ofrecer a su dueño. En una hora puedes estar luchando contra un mar de proa. Vas vestido como un vagabundo, te pica el rocío volador, estás en verdadero peligro. La hora siguiente, vestido con ropa limpia y seca sacada de tu tanque impermeable, estás sentado en una de las ventanas de un club magnífico. Hay música, chicas y los vinos del mundo para elegir.»

«Hacia Kastelorozo, las chicas pagan una dote a los hombres según el estatus de las familias. A menudo es sustancial. Un chico tiene que contribuir a la dote de su hermana; se deduce que un chico con varias hermanas tendrá que trabajar duro durante muchos años. Pero debe mantener el estatus de su familia. Es la costumbre que, en la noche del compromiso (que está muy cerca de la fecha de la boda), la pareja prometida duerma en la misma habitación por la noche. Pero el joven no debe siquiera tocar a su futura novia, para mostrar que su unión es un asunto del espíritu, no de la carne. Los arrumacos y los besos son términos desconocidos en Kastelorozo, donde una chica que no fuera virgen estaría, de verdad, mejor muerta.»

«Para entonces, había decidido que no quería ese trabajo en Chipre (la razón por la que comencé el viaje). Quería mucho más hacer un viaje en kayak que pasara a la historia. Fue por entonces cuando me dije a mí mismo por primera vez: “¿Por qué no Australia?” No fui tan temerario como para expresar esa ambición a nadie más, aún. Navegué alrededor de Chipre por la costa oeste vía Limassol hasta Larnaka. Dado que el kayak tendría que ser transportado de todos modos, decidí que Suez ofrecía un camino demasiado trillado; ¿por qué no desembarcar en la costa siria y tomar el autobús hasta Meskene, en el Alto Éufrates? ¡Eso sería algo!»

Oskar Speck de Alemania a Australia en solo 7 años
Oscar Speck y su kayak

«No había una carretera adecuada hasta Meskene. Ese autobús destartalado simplemente elegía su propio camino a través del desierto, pero me llevó a mi destino. El Éufrates está bordeado de plantaciones de dátiles. Vi a muchos hombres árabes, pero no a mujeres, excepto a las muy ancianas. En los pueblos, me invitaban a las casas de los hombres. Allí me sentaba en el suelo de barro entre muchos árabes. Traían un gran plato de cobre y lo ponían frente a nosotros; en él, el pan plano y duro del país, salsa y carne de cabra o oveja. No hay utensilios. Comes con la mano, pero solo con una mano, o ofendes a tus anfitriones. En tierras extrañas, me inclino ante las costumbres locales.»

«Cumplí una regla de nunca rechazar la hospitalidad: mejor una comida sucia y los piojos y alimañas de las casas de los hombres que un disparo en la oscuridad. Así es como el árabe expresa su resentimiento por la hospitalidad despreciada.»

«Una noche estaba navegando por el Éufrates con la corriente. La corriente me llevaba primero a un lado del río, bajo la luz brillante de la luna, luego al otro, en la sombra negra. Solo era necesario remar de vez en cuando. Debo haber dormido. De repente, sonaron dos disparos desde la orilla iluminada por la luna. Me desperté de golpe y comencé a remar, rápido. En mi prisa, estaba remando en la dirección equivocada, contra la corriente, pero no era momento de discutir, y me dirigí al lado oscuro. Hubo varios disparos más, luego todo quedó en silencio. Pero tuve que remar de vuelta pasando por esos tiradores. Me escabullí por el lado oscuro del río, usando la corriente y tocando el agua con mi remo solo una o dos veces. Escuché a hombres hablando en la orilla, pero no hubo más disparos. Nunca supe quiénes eran ni por qué me dispararon.»

«Mi viaje por el Bajo Éufrates desde Felludgah hasta Basora no me reveló los peligros que acechaban. Sin embargo, unas semanas después, dos alemanes, May y Fischer, al enterarse de mi viaje, decidieron seguir mi ruta. Estaban mucho mejor equipados que yo. Pero, en el camino, cometieron el error de rechazar la hospitalidad árabe; simplemente no les gustaban las pulgas y los piojos. Ambos fueron asesinados a tiros en sus tiendas en la orilla del río, y todo lo que tenían fue robado. Podría escribir un libro entero sobre la siguiente etapa relativamente corta de mi viaje por la costa persa hasta Baluchistán Británico; algún día lo haré. Entonces juré que nunca volvería a visitar Persia. Ahora digo que nunca siquiera sobrevolaré ese país perdido en la corrupción más vil.»

«Al llegar finalmente al primer pequeño asentamiento persa, compuesto por una docena de chozas de barro, pero sin tiendas ni bazar, tuve que presentarme hambriento ante las autoridades, representadas por dos policías descalzos. Fueron bastante amables y, obviamente, muy pobres. Tras inspeccionar mi pasaporte, que sostenían al revés, mataron un ave y, con arroz, fue mi primera comida decente en semanas. La pobreza de esta gente quedó subrayada cuando los huesos que tiré fueron recogidos por el barbero del pueblo y examinados cuidadosamente de nuevo, los huesos más pequeños fueron masticados por completo.»

«Durante las siguientes 500 millas a lo largo de la costa persa hasta Bandar Abbas, vi mucho de la vida de la gente del Golfo. Desde los 12 años, todas las mujeres usan máscaras de tela negra. Solo una vez vi a una mujer persa sin esta máscara, y era la esposa, la esposa muy temporal, de un oficial de aduanas.»

La esposa no podía ganar
«Este oficial de aduanas occidentalizado ya tenía una esposa en Teherán. Durante el período de su contrato para trabajar en el Golfo, se casó con esta chica local. Ella tenía 15 años, muy bonita, pero no era rival para su astuto esposo. Para asegurarla, tuvo que pagar a su padre 160 tomans (alrededor de £30). La mitad se pagó en efectivo. Pero el saldo se debía cuando el oficial regresara a Teherán. Si ella se negaba a seguirlo allí, no solo se revocaría el pago final de 80 tomans, sino que el dinero original tendría que ser reembolsado. Era una moneda de doble cara. No podía ir a Teherán. En Persia, aparte de su esposo, una esposa solo se encuentra con sus propios familiares. Nadie más puede verla. Cuando él regresara a Teherán, nadie excepto él la vería de nuevo. Si vivía o moría, solo él lo sabría.»

«Un día pasé por tres veleros árabes anclados en la entrada de un arroyo. Me hicieron señas para que me detuviera; querían que subiera a bordo y bebiera con ellos. Pero tenía una buena brisa, y seguí navegando. Sonó un disparo, y una bala golpeó el agua a solo unas pulgadas de distancia. Al mirar atrás, vi que los árabes habían lanzado un bote de remos con tripulación completa, que me perseguía. Con ese viento, no tuve problemas para dejarlo atrás. En ese momento, las aduanas estaban gestionadas por personal belga, bajo contrato con el gobierno persa. Esos veleros habían estado descargando un cargamento de azúcar de contrabando.»

El kayak había desaparecido
«Desde Bandar Abbas seguí hacia Gwattar, en la frontera con Baluchistán; nunca un marinero estuvo más ansioso por sacudirse el rocío de estas viles aguas persas de su kayak. Aquí, en una playa rodeada de altos acantilados, desembarqué cuando caía la oscuridad y arrastré mi kayak bien arriba en la playa. Necesitaba desesperadamente comida y había notado, al navegar hacia la costa, dos veleros árabes varados más adelante. Caminé hacia ellos ahora, pero los encontré deshabitados; de hecho, resultaron ser naufragios desmantelados. Regresé a mi bote para encontrarlo… ¡desaparecido! El pánico me invadió entonces. Aquí estaba yo en una playa hostil, arrojado entre una raza sin ley de degolladores, ladrones y contrabandistas.»

Aunque Speck ondeaba una bandera nazi y llevaba equipo fotográfico, los australianos concluyeron que no era un espía. Sin embargo, permaneció encerrado en un campo de concentración durante el resto de la guerra. esta foto dfue tomada en Sumatra, en 1938

«Mi bote se había ido, y con él mi dinero, mi pasaporte, todas mis posesiones en el mundo, excepto los pantalones cortos y la camisa que llevaba puestos. El amanecer me mostró altos acantilados que rodeaban la playa, y en la cima, unas pocas chozas miserables. Escalé el acantilado y encontré las chozas ocupadas por algunos pescadores y dos policías persas armados con carabinas. No fueron de ayuda cuando les conté sobre la desaparición de mi kayak, pero insistí en que debían enviar un bote. Dije que iría al Shah en Teherán, y que era su invitado, y eso los movió a requisar un bote con estabilizadores, y en él los policías me llevaron al pueblo fronterizo.»

«Allí, el capitán de policía era inteligente y, por supuesto, corrupto. Cuando le dije que había dinero en mi bote y que daría la mitad al que lo encontrara, dijo con confianza: “Recuperarás tu bote.” Hubo gran alboroto y discusión en el cuartel durante la noche, y a la mañana siguiente, el capitán, su asistente y yo partimos en otro bote. Sin gran dificultad, encontramos un dhow, y allí, atravesado en su proa, estaba mi kayak. No habían tocado nada en él.»

«Los marineros a bordo explicaron que habían encontrado el kayak a la deriva y lo habían subido a bordo; en realidad, por supuesto, lo habían robado, habiendo observado mi desembarco en la oscuridad. En mi billetera, en varias monedas, había unas £80. Le di la mitad al capitán de policía, pero eso no fue nada, tan feliz estaba de haber recuperado mi kayak.»

«Cada noche, cuando acampaba, estaba lejos de sentirme solo. Multitudes se agolpaban alrededor de mi embarcación. La historia de mi viaje y mi kayak, muy distorsionada al pasar de boca en boca, navegó por la costa india más rápido que yo. Llegué a Colombo el 13 de mayo de 1935, exactamente tres años después de haber dejado mi ciudad natal, Ulm, en Alemania. En Rangún, a pesar de la cercanía de la temporada de monzones, decidí seguir hacia Mergui.»

1937 Oskar Speck en las indias Holandesas Orientales
1937 Oskar Speck en las indias Holandesas Orientales

«Antes de llegar a Mergui, el monzón estaba en pleno apogeo. Chubascos repentinos, con lluvias torrenciales, a veces desviaban el kayak millas fuera de su rumbo. Hubo momentos en los que, lejos en el mar, el viento se volvía en mi contra. La mañana siguiente me encontraba aún remando sin cesar, todavía casi exactamente en el mismo lugar donde estaba cuando cayó el crepúsculo anterior. Cuando finalmente llegaba a la costa, me sentía como un borracho. Mis manos no se abrían sin un dolor insoportable tras haber estado agarrotadas alrededor del remo durante 30 o 40 horas. No sentía hambre, solo un agotamiento profundo. Solo quería arrojarme al suelo y cerrar los ojos. Era prudente, entonces, olvidar cualquier horario y recuperarme durante unos días, pues nunca sabía qué me esperaba en el próximo tramo.»

«Un nuevo kayak me esperaba en Singapur. Trasladé mi equipaje y partí hacia Sumatra. Desde Batavia seguí la costa hasta Java, a Surabaya. En el norte de Bali sufrí otra vez un fuerte episodio de malaria, y antes de estar siquiera a medio recuperar, cometí la imprudencia de intentar llegar a Lombok. Había una fuerte corriente en contra durante la mayor parte de ese tramo del viaje, y antes de llegar a tierra, la malaria volvió a dominarme y era un miserable y tembloroso víctima en sus garras. Unos nativos bajaron a la playa y me llevaron a medias hasta el pueblo, donde el Kepala Kampong (jefe del pueblo) me recibió.»

«En Kissar hubo un cambio desagradable en el comportamiento de los nativos hacia mí. Muchos eran arrogantes, intentaban engañarme, algunos me arrojaban piedras. No me apetecía quedarme mucho tiempo en ningún lugar. Crucé a Lakor y desembarqué en una pequeña playa de arena con un arrecife de coral que la protegía. Tras mis recientes experiencias, no me sentía tentado de ir al pueblo cercano.»

«Una hora después, se acercaron varios nativos. Intenté obtener información de ellos sobre las corrientes predominantes entre allí y Sumatra. Dijeron que la mejor hora para partir era alrededor de las 5 de la mañana del día siguiente. Algunos estaban ansiosos por conseguir algunas de mis botellas de agua vacías, pero estas eran esenciales para mi viaje y tuve que negarme. Unas horas después, me despertó una voz que decía, muy suavemente, “¡Tuan! ¡Tuan!” Abrí una solapa de la lona y miré afuera. Unos 20 nativos estaban reunidos allí. La luz de la luna era tan fuerte que, entre ellos, pude distinguir a algunos de mis visitantes anteriores. Les pregunté qué querían, pero no obtuve una respuesta clara. Les pedí que me dejaran dormir porque estaba muy cansado. Volví a cerrar la lona como señal de que la conversación había terminado.»

Oskar Speck en Nueva Guinea
Mientras navegaba por Nueva Guinea, algunas tribus lo recibieron como un dios, pero una lo golpeó tan brutalmente que le rompió el tímpano y amenazó con cortarle la cabeza.

«Unos minutos después, un nativo, arrodillado junto al bote, comenzó a hablarme en voz baja, y al mismo tiempo sus dedos intentaban abrir la cubierta. Me enfadé. Me incorporé. Ahora noté que todos los nativos tenían lanzas, espadas o machetes. En tono severo, les ordené que me dejaran en paz.»

«“Pistol ada” (“Tengo una pistola”), dije, y dejé que la luna brillara sobre ella. No estaba cargada. Estaba destinada a ser así, y solo pretendía ser una amenaza final para los nativos que no me dejaban en paz. Al ver la pistola, los nativos alrededor del bote retrocedieron, pero solo unos pocos pasos. El nativo arrodillado junto al bote no se levantó, sino que siguió hablándome en un tono suave y calmado. Cuando dejé la pistola, sus manos se cerraron alrededor de mi cuello y lanzó un grito salvaje. Los otros nativos se acercaron. Cinco o seis de ellos me sujetaron, medio dentro y medio fuera del kayak. Todos se aferraban a mí como sanguijuelas. Manos fuertes agarraban mi cabello. Con la fuerza de la desesperación, liberé una mano de ellos y luché por apartar las manos de mi garganta.»

«Mi ropa —solo llevaba un sarong en esas noches tropicales— fue arrancada en la lucha. Con tiras de piel de búfalo seca, algunos ataron mis piernas y manos, mientras otros saqueaban el kayak. Por el cabello, arrastraron mi cuerpo atado unos metros por la arena. Me pateaban constantemente. Me levantaron, me llevaron a corta distancia y luego me dejaron caer a pocos metros del agua. Para entender el terror de mi situación, desnudo y atado como estaba, debes comprender el frenesí extático de aquellos nativos. Estaban acostumbrados al hombre blanco como amo. Aquí tenían a un hombre blanco bajo su poder, y estaban ebrios de ese poder.»

«A veces, un nativo balbuceante y extático sostenía su machete brillante a solo unos milímetros de mi garganta. Estaba claro lo que quería hacer. Manos negras exploraban mi cuerpo desnudo. Fue una experiencia de lo más repulsiva. Intenté hacerles volver a la cordura, pero las palabras del hombre blanco no tenían efecto ahora. Solo parecían intensificar su frenesí, así que decidí que el silencio absoluto sería el mejor curso. Tras una discusión entre ellos, el líder se alejó con algunos otros, dejando diez guardias para vigilarme.»

Speck en las islas Babar
Una multitud curiosa se agolpa alrededor del kayak de Oskar Speck.

«Durante una hora estuve así, con los guardias hablando suavemente entre ellos. De repente, sin razón alguna, uno se acercó a mí. Me golpeó con la palma de la mano, dándome en la oreja izquierda. A pesar de las ataduras, logré incorporarme un poco. Él dio un par de pasos atrás, luego pateó la parte trasera de mi cabeza un par de veces al ver que estaba realmente indefenso. Volvió y reanudó su charla con los otros. Durante ese respiro, descubrí que mi oreja izquierda estaba sorda. El tímpano estaba roto.»

«Tras quizás otra hora, los guardias regresaron y me colocaron bajo una roca cerca del bote, y luego se marcharon, siguiendo la misma dirección que el líder de la banda y su grupo habían tomado. Cuando me dejaron caer por última vez en la arena, noté que la piel que sujetaba una pierna parecía suelta. Tras mucho retorcerse y luchar, la deslicé por mi pantorrilla y finalmente liberé un pie. ¡Pude ponerme de pie!»

«Me tambaleé hacia el kayak, esperando encontrar mi cuchillo allí, pero había sido completamente saqueado. Luego intenté cortar mis ataduras contra el borde de una roca. No funcionó. Quedaba una esperanza. Con mis dientes, intenté desatar el nudo de la cuerda alrededor de mis muñecas. Al principio, el nudo no cedía. Pero la piel de búfalo es rígida y áspera, y un extremo del nudo sobresalía un poco hacia mí. Con mi barbilla empujé este extremo suelto a través del nudo, formando un lazo al otro lado de mis muñecas atadas. Giré mis muñecas y, con mis dientes, atrapé el lazo y tiré. Si las ataduras hubieran sido más flexibles, no lo habría logrado. En diez minutos desaté el primer nudo. El segundo nudo fue más fácil, y en 20 minutos mis manos estaban libres. Pero aún no estaba a salvo. Arrastré el kayak hasta el agua; fue una lucha después de todo lo que había pasado.»

«¡Ahora podía respirar! Tuve tiempo de buscar mi equipaje durante unos momentos. Los nativos evidnetemente pensaron que mi tanque más grande solo contenía agua; en realidad, tenía mi cámara, películas y gran parte de mi ropa. Lo recuperé y lo metí en el bote, luego remé 30 o 40 yardas hacia la laguna. No habían pasado cinco minutos cuando vi las antorchas de los nativos regresando a la playa. Pero estaba a salvo aquí, y me quedé observando. Estaban excitados, y cuando descubrieron que me había ido, una nueva ola de frenesí pareció recorrerlos.»

«Llegué a Sermata con mis moretones como prueba de una historia que, de otra manera, nadie podría haber creído. Entonces llegó el Residente de las Molucas en su inspección anual de las islas. Tuve que repetirle toda mi historia. Con un bote lleno de oficiales, partió de inmediato hacia Lakor para lidiar con los bandidos. Arrestó a seis, incluido el líder. En el juicio posterior, el líder fue condenado a seis años de trabajos forzados, al igual que otros dos de su banda. Dos recibieron dos años, y uno un año. En cuanto a mí, primero fui al hospital militar en Ambon y luego de vuelta a Surabaya, donde los cirujanos operaron mi oreja. Pasé cuatro meses en tratamiento antes de que la oreja sanara.»

«Exactamente un año después del ataque, dejé Saumlaki en un bote nuevo, crucé a las islas Kei y luego enfrenté el tramo más largo de salto entre islas hasta Nueva Guinea. Cuando llegué al primer pueblo de administración holandesa, causé un dolor de cabeza al oficial a cargo. No sabía si arrestarme o dejarme continuar. Finalmente llegó el permiso, y navegué vía Hollandia a Madang, Port Moresby y, eventualmente, a Saibai, la isla más septentrional de Australia, que también es oficialmente parte de Australia propiamente dicha. Había alcanzado mi meta, después de siete años, y (como mencioné antes) entré directamente en un campo de internamiento, porque Australia y Alemania estaban en guerra. Australia ha demostrado ser una buena meta. Tengo muchos amigos aquí, y he construido mi hogar aquí, en Pittwater, cerca de Sídney. Espero visitar Alemania de nuevo, pero Australia es ahora mi hogar.»


Notas al pie:

  1. Alemania logró finalmente liquidar el pago de las reparaciones de guerra en 1983, pero todavía quedaba pendiente el abono de los intereses generados desde la aprobación del Tratado, que ascendían a 125 millones de euros, y que fueron saldados en el año 2010 ↩︎
  2. La llamada hiperinflación de la República de Weimar se extendió de 1921 a 1923. En aquella época se llegó a imprimir billetes de hasta 100 billones de marcos. A comienzos de 1923 la escalada de precios hizo que los salarios no fueran capaces de costear los gatos básicos de una familia media. Una barra de pan pasó de costar 250 marcos a 200 billones; un periódico, que costaba 1 marco en mayo de 1922, costaba aproximadamente 70 millones en 1923; los trabajadores cobraban dos veces al día, aprovechando la pausa de la comida para acudir a los comercios, muchas veces a comprar bienes que no necesitaban pero que intercambiarían mediante el trueque; los restaurantes, dado el alza de precios casi diaria, negociaban el precio de las comidas antes de que el comensal se sentase en la mesa. Y lo pactaban porque el dinero perdía valor cada hora que pasaba.
    La República de Weimar no paraba de imprimir dinero. Se imprimían en máquinas rotativas con papel continuo. No importaban las falsificaciones, porque aquel papel no servía para nada. Se llegó a contratar 12.000 personas para realizar la impresión de billetes. Además se contrataron 60 empresas privadas para ayudar a que se imprimieran los billetes. Se gastaron enormes cantidades de papel. Solo entre octubre a diciembre de 1923 se utilizaron 5,5 millones de kilogramos de papel.
    El 30 de agosto de 1923 un dólar estadounidense equivalía a 10 millones de marcos. El billete de un tranvía, el 1 de agosto de 1923, costaba 8.000 marcos. El 9 de agosto valía 15.000 marcos. El 14 de agosto ya costaba 100.000 marcos. El 9 de septiembre se necesitaban 500.000 marcos y el 20 de septiembre el mismo billete valía 4 millones de marcos. Todo esto cambió, a finales de 1923 con la circulación, por orden del canciller Gustav Stresemann del Rentenmark.
    ↩︎
  3. No hay registro de un «Sir Norman Carter» como gobernador de Baluchistán. Es posible que te refieras a otro oficial británico o que el nombre haya sido confundido. Sir Gilbert Thomas Carter es un candidato cercano por su rol en otras colonias, pero no hay evidencia de su gobernación en Baluchistán. El verdadero administrador de la región en el período de Speck habría sido un agente político bajo el sistema de Sandeman, en un contexto de creciente resistencia baluchi al control británico.
    No se ha encontrado evidencia definitiva que identifique con precisión al administrador británico específico en Baluchistán Británico cuando Oskar Speck llegó a la región en 1935. Baluchistán estaba bajo el control indirecto del Raj británico como una agencia, con un agente político como máxima autoridad administrativa en lugar de un gobernador tradicional. Durante la década de 1930, el sistema establecido por Sir Robert Sandeman seguía vigente, y el agente político era la figura clave.
    Basado en el contexto histórico, el agente político de Baluchistán en 1935 fue Sir Charles Geoffrey Prior quien ocupó este cargo desde 1932 hasta 1936, un período que coincide con la llegada de Speck a Baluchistán Británico, probablemente alrededor de 1935, durante su travesía en kayak desde Alemania hacia Australia. La mención de un «Sir Norman Carter» parece ser un error o una confusión ya que no hay registros de un gobernador con ese nombre en la región en esa época. ↩︎

Fuentes consultadas, para saber más:

◼︎William Prochnau y Laura Parker, “From Nazi Germany to Australia: The Incredible True Story of History’s Longest Kayak Journey”, Vanity Fair vanityfair.comvanityfair.com.
◼︎Oskar Speck, Wikipedia (inglés)en.wikipedia.orgen.wikipedia.org.
◼︎Entradas en blogs y revistas especializadas sobre la ruta de Speck (Adventure Journal, Wired for Adventure)adventure-journal.comwiredforadventure.com.
◼︎Artículos de prensa y archivos del Australian National Maritime Museum, consultados para detalles sobre su internamiento y vida posterior en Australiaen.wikipedia.orgen.wikipedia.org.
◼︎Extractos de entrevistas y diarios de Speck (referenciados en las fuentes anteriores) sobre condiciones climáticas y fauna (monzones, cocodrilos)vanityfair.comen.wikipedia.org.
◼︎ Oskar Speck – Der Australienfahrer: https://www.faltboot.org/
◼︎ El pionero entre los barcos plegables: https://www.sueddeutsche.de/
◼︎ Malote histórico: https://www.adventure-journal.com
◼︎ Australian National Maritime Museum (Flickr): https://www.flickr.com/


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