Tras 18 meses de travesía, una inexperta pero tan intrépida como obstinada mujer inglesa de 40 años, maniobraba a lo largo del río Hudson un pequeño barco de 23 pies, el «Felicity Ann» en medio de la brumosa y lluviosa mañana del 23 de noviembre de 1953, hasta atracar en el Muelle 75 de Nueva York poniendo punto y final al reto que se había impuesto tres años atrás: cruzar en solitario el océano Atlántico desde Inglaterra hasta Nueva York convirtiéndose así en la primera mujer en lograr semejante hazaña. esta aventurera se llamaba Ann Davison.
Hija de artistas, Margaret Ann Longstaffe llegó a este mundo el 5 de junio de 1914, en en Carshalton, condado Surrey al sur de Londres, en Inglaterra. Su madre era una apasionada de canto y ya desde niña la pequeña Ann una especial atracción por el movimiento y la acción. Era una niña a que le fascinaban, lo que la empujó a estudiar veterinaria en el London Veterinary College dispuesta a convertirse en una veterinaria equina. Durante su juventud viajó incansablemente. Necesitaba satisfacer su curiosidad y su ansia de aventuras.

Todo cambiaria cuando para celebrar su 21 cumpleaños, viajó a Buenos Aires de vacaciones. En aquella ocación tuvo la oportunidad de pilotar un avión por primera vez, lo que fue la revelaciòn definitiva de la que se convertiría de inmediato en una pasión que la obsesionaría. Así, en la década de 1930, una época en que pocas mujeres se hubieran plantado una actividad tan masculina, logró un título de piloto, convirtiéndose en una de las poquísimas mujeres con licencia de vuelo comercial en el Reino Unido. Empezó a así a operar como piloto independiente dedicándose al transporte aéreo de carga y pasajeros
En 1937 logró un empleo como piloto en el aeródromo comercial de Hooton, Wirral, al sur de la ciudad de Liverpool. Era un aeródromo privado gestionado por el piloto Frank Davison, otra alma libre, aventurero e intrépido, casado casado con la también aviadora Elsie Joy Davison. Al poco tiempo sientieron que eran espíritus afines y tras un romance que supuso el divorcio de Frank y Elsie, secasaron en 1939. Elsie fallecería mientras servía en el Auxiliary Air Transport durante la Segunda Guerra Mundial.
Al estallar la segunda guerra mundial, su aeródromo fue requisado por la RAF, que suspendió toda actividad civil, por lo que se vieron obligados a dejar de volar. Frank que tenía 40 años, rechazado por demasiado mayor para alistarse, y Ann se trasladaron a Mere Brook House, cerca del que había sido su aeródromo, pero poco después se mudarían primero a la isla de Inchmurrin y posteriormente a la de Inchfad, ambas en el lago Lomond, en Escocia.

Finalizada la guerra y hartos de estrecheces y de la dureza de los inviernos escoceses, Frank propuso lanzarse a la navegación oceánica. Planearon navegar hasta el Caribe, decididos a llegar a Cuba, donde se instalarían y comenzarían una nueva vida. Invirtieron todos sus recursos en el «Reliance», un viejo ketch de pesca de 70 pies con el objetivo de reformarlo y adaptarlo a sus necesidades. Tras dos años de costosas reparaciones se encontraron profundamente endeudados, y en un último intento de salvar el barco huyendo de los bancos acreedores y la amenaza de que el «Reliance» fuera embargado, pues no podían hacer frente a los créditos que los habían dejado en la bancarrota, zarparon clandestinamente desde Fleetwood, en el condado de Lancashire, con destino a Cuba. Pero ni el barco ni ellos, como comprobarían más tarde, estaban preparados para afrontar tamaña aventura.
Tres años después volví a navegar, sola, pero no fue por desafío, venganza, expiación ni reivindicación. Desde el principio, incluso mientras escalaba esos acantilados, supe que volvería; tenía que hacerlo, aunque entonces no podía explicarlo
Ann Davison
Inexpertos y azotados por tormentas, con el motor averiado y las velas hechas jirones, se encontraron a la deriva en el Canal de la Mancha durante 19 días sin atreverse a solicitar auxilio o recalar en ningún puerto temiendo que el barco fuera embargado. El «Reliance» terminó encallando en Portland Bill, una estrecha península de rocas en el extremo meridional de la isla de Pórtland, en el condado de Dorset. Desesperados, lograron lanzar la balsa salvavidas, pero la fuerza del oleaje la hicieron volcar repetidamente, lanzando a los Davison al agua una y otra vez. Tras catorce agónicas horas luchando contra el mar embravecido, Frank falleció, mientras que Ann logró trepar por los abruptos acantilados de la costa y ponerse a salvo.
Cruzar el Atlántico en solitario
Día tras día, semana tras semana, mes a mes, mientras trabajaba, Ann urdía el que sería el desafío definitivo, el cruce del Atlántico en solitario. No hallaba mejor formar de homenajear a su marido fallecido. Como ella misma admitió, el miedo al mar y su necesidad de superarlo era fundamental si quería «encontrar una clave para vivir«. Cruzar el Atlántico en solitario representaba «la esencia de la vida«.

El aprendizaje obtenido durante la restauración del «Reliance» y las nociones básicas de navegación que Frank le había enseñado en el lago Windermere, le sirvieron a Ann para emplearse en un pequeño varadero de Tor Bay, en el condado de Devon, y vivir en un barco de 12,19 metro en un estado bastante lamentable. En sus propias palabras, las mujeres en la industria náutica eran “tan populares como Beethoven en una jam session”.
Allí conoció al capitán de fragata Cyril Alderson Lund, quien había servido en la Royal Navy como profesor de navegación durante más de veinte años. Lund la ayudó a perfeccionar su manejo de pequeñas embarcaciones, a bordo de un yawl de 5,49 metros (18 pies), así como a calcular las mareas y a trazar un rumbo utilizando la navegación astronómica, una habilidad que Ann siempre encontró difícil debido a sus problemas con los cálculos.
El tiempo que no dedicaba al trabajo o al aprendizaje de la navegación, lo consagraba a una nueva actividad a la que se entregó con la misma pasión que ponía en todo lo que iniciaba, la escritura. De este modo en 1951 vio la luz su primer libro, «Last Voyage» (Último viaje), un relato de aventuras que cautivó al público de le época, voraz lector. En este libro relataba su vida en común con Frank hasta su muerte. Más tarde, en enero de 1952 publicaría «Home was an island» (El hogar era una isla. ) en el que relataba el período en que ella y Frank fueron propietarios y trabajaron en la agricultura en las islas de Inchmurrin y luego Inchfad, en el lago Lomond.

Ambos libros resultaron ser enormes éxitos de ventas y con los ingresos recibidos pudo cancelar las deudas que aún pesaban sobre malogrado «Reliance» y pagar el barco con el que se enfrentaría al reto de cruzar el Atlántico, el «Peter Piper», posteriormente renombrado como «Felicity Ann» un sloop de aparejo bermudiano de 23 pies diseñado por Sid Mashford y construido en el astillero Cremyll de Cornualles que Lund encontró y consideró que era el barco perfecto para Ann. Se trataba del casco número 12 de una serie de sloops de cuatro toneladas construidos entre 1939 y 1949. El «Peter Piper» había sido adquirido por un navegante de la región oeste de Inglaterra, quién pretendía realizar un crucero a Noruega, pero cambió de idea y lo vendió a Ann en febrero de 1952.
Según sus propias palabras, Ann sintió una conexión inmediata con el barco, aunque lo consideraba demasiado pequeño para afrontar el reto de cruzar el océano y enfrentarse al mal tiempo en alta mar. Durante los preparativos para su travesía, recibió la asesoría de Humphrey «Hum» Barton, un experimentado navegante oceánico con gran experiencia en el Atlántico, socio del estudio de diseño náutico de Laurent Gilles. Barton, había cruzado el Atlántico en 1950 en el «Vertue XXXV» de 7,6 metros (25 pies), inspeccionó el «Felicity Ann» y recomendó hacer una serie de modificaciones cruciales al «Felicity Ann».

Siguiendo las instrucciones de Barton, se instalaron de púlpitos, líneas de vida, se reforzó la cubierta con acero, se modificó la bañera de popa, elevando las brazolas , se añadió un toldo para protegerse de las olas, refuerzos estructurales en el techo de la cabina con correas de acero para soportar el mástil apoyado en cubierta y se acortaron el mástil en 1,83 metros y la botavara en 20,32 centímetros, para así reducir la superficie vélica de 22,02 a 17,00 metros cuadrados. Además de las modificaciones de Barton, se instaló un nuevo aparejo, un tanque de agua de 94,64 litros (25 galones), y una cabina estanca y autovaciante. Preparar el barco para la travesía tomó tres intensos meses de dedicación.
Barton también diseñó un aparejo de dos velas de proa con estays descentrados y dos botavaras fijadas a los obenques inferiores en lugar del mástil. Algunos críticos han cuestionado retrospectivamente la drástica reducción del aparejo, atribuyendo los largos tiempos de travesía a la falta de superficie vélica. Sin embargo, Ann nunca se quejó de no poder izar más velas; al contrario, mantuvo el barco con poca vela, lo que sugiere que la cautela de Barton estaba justificada. El aparejo de dos velas de proa, sin embargo, no fue un éxito: Ann notó que el barco escoraba excesivamente con estas velas y que eran difíciles de ajustar y recoger, por lo que las usó poco durante el viaje.
La ruta de la muerte
Inevitablemente el plan de Ann de navegar desde Plymouth hasta Antigua en solitario se hizo público y rápidamente la prensa mundial se interesó en ella y su arriesgada aventura. Antes de partir, Ann firmó contratos con «Life magazine« y el «Sunday Chronicle» comprometiéndose a escribir crónicas y darles las exclusivas correspondientes. También había firmado el contrato para escribir el libro relatando su aventura con la editorial que había publicado sus anteriores éxitos. Pocos confiaban que una mujer pudiera lograr, una hazaña así y su travesía fue apodada “la ruta de la muerte”. Afortunadamente, la presencia de Norman Fowler y el experimentado navegante en solitario Edward Allcard, que preparaban el «Catania» para cruzar a América, ayudó a aliviar la presión mediática en Plymouth.

Ann admitió abiertamente el terror que sentía al navegar sola, describiéndolo como “frío, soledad y miedo”. Sin embargo, su deseo de aventura y su necesidad de superar el miedo al mar, que consideraba “vital para encontrar una clave para vivir”, la impulsaron a continuar. Para Ann, cruzar el Atlántico en solitario representaba “la esencia de la vida”. Su tenacidad y curiosidad por experimentar la navegación oceánica de primera mano superaron el miedo, otorgándole libertad, independencia, viajes y un hogar, razones que han motivado a muchos navegantes en solitario.
La histórica travesía atlántica de Ann Davison
Su travesía, cargada de enormes dificultades, comenzó el 18 de mayo de 1952, cuando zarpó desde Plymouth, Inglaterra, a bordo del «Felicity Ann» con destino a Madeira. Sin embargo, tras cuatro días en el mar, solo había recorrido poco más de 200 millas náuticas (370 kilómetros). Al quinto día, una tormenta inundó el barco y las bombas de achique se atascaron. Incapaz de solucionar el problema, Ann fue remolcada por un pesquero hasta Douarnenez, en la costa francesa, donde pisó tierra firme seis días después de cruzar el Canal de la Mancha.

Este patrón de navegación lenta se repitió a lo largo de su viaje. Desde Francia, tardó cinco días en recorrer 300 millas náuticas (555 kilómetros) hasta Vigo1, en el norte de España. Llegó el 19 de junio de 1952. En la ría gallega, sin campana ni bocina de niebla, golpeó una sartén para señalizar su presencia en medio de la densa niebla, siendo recibida como “la navegante solitaria”. Desde Vigo, navegó durante 19 días hasta Gibraltar, siete más hasta Casablanca y, debido a la ausencia de viento, 29 días más hasta Las Palmas de Gran Canaria, promediando menos de 20 millas al día. Ann ironizó sobre esta lentitud, escribiendo: “Un récord de tardanza que probablemente perdure, a menos que alguien lo intente nadando”.

En las Islas Canarias, Ann coincidió con Alain Bombard, un médico francés que preparaba su propio experimento: cruzar el Atlántico en solitario sin provisiones, alimentándose solo de peces y agua de lluvia o del mar, en un bote neumático de 4,5 metros equipado con un sextante, un reloj y una lona como único equipaje.
Ann aprovechó su estancia para limpiar el casco del «Felicity Ann» y pintarlo con antiincrustante de óxido de cobre. El 20 de noviembre de 1952, comenzó la etapa final hacia América. Durante el viaje hubo de enfrentarse a condiones terribles. El clima fue implacable, alternando tormentas en las que el viento alcanzaba rachas de hasta fuerza 8 con días de calma chicha. El barco volcó en varias ocasiones.

Ann padeció disentería, dolor de lumbago, tuvo forúnculos, privación de sueño y recibió un golpe en la cabeza en una trasluchadas de la botavara. Llegó a tal punto de agotamiento que, el 18 de enero de 1953, al avistar Barbados, no pudo acercarse a tierra. El viento la empujó hacia Santa Lucía y luego a Dominica, donde, bajo los efectos de la benzedrina que usaba como estimulante y viendo doble con un ojo, finalmente arribó el 24 de enero de 1953, tras 65 días y 5.100 millas náuticas recorridas. Ann acababa de convertirse en la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario.
Los largos tiempos de viaje se debieron en parte a las calmas intertropicales y, sobre todo, a la falta de un piloto automático fiable. Ann debía gobernar manualmente el timón, y cuando no podía, reducía velas y dejaba el barco derivar. Aprendió a usar el sextante durante el trayecto, pero su inexperiencia la llevó a desaprovechar vientos favorables por temor a su intensidad, deteniendo el barco en ocasiones cuando, en retrospectiva, podría haberlos aprovechado mejor. Es muy probable que el excesivo recorte de superficie vélica pudiera haber influido en la lentitud de Ann, y el sistema de dobles velas a proa resultó poco funcional.

A menudo ponía el barco a la capa para descansar. Por si hubieran sido pocas las contrariedades y problemas a los que se enfrentó, tuvo que cortar parte de las brazolas de la bañera que había sido modificada para que las escotas de las velas de proa no se atascasen. A pesar de la pintura antiincrustante de cobre que había aplicado al «Felicity Ann» en Canarias, los percebes y algas cubrieron el casco de la obra viva. Además, descubrió a mitad del cruce que su compás de marcaciones estaba desviado 20°, lo que añadió incertidumbre a su ya precaria y titubeante navegación..
Dominica no marcó el fin de su aventura. Como escribió Ann, “ningún cruce del Atlántico está completo hasta llegar a América”. Tras reparar el «Felicity Ann» en English Harbour, Antigua, navegó a St. Thomas, luego a Nassau, donde disfrutó navegando “por el puro placer de navegar” durante un mes. Desde allí, cruzó las 180 millas náuticas (333 kilómetros) que la separaban de Miami, donde fue recibida por la prensa estadounidense. El «Sunday Chronicle» la hospedó en “el mejor centro de descanso de Florida”, aunque contra su voluntad, lo que le permitió escribir el artículo prometido. Posteriormente, navegó 1.200 millas náuticas hasta Nueva York, siguiendo el Canal Intracostero del Atlántico (ICW).

El motor diésel Coventry Victor de 5 hp, sin marcha atrás y el calado de 1,52 metros del «Felicity Ann» cargado, presentaron serios problemas: el motor explotó, el embrague necesitó reparaciones y una fuga en la caja del prensaestopas rompió la bomba de achique. En Norfolk, se reinstaló el mástil con un nuevo aparejo para la etapa final a Nueva York, a donde llegó el 23 de noviembre de 1953 al Muelle 75 poniendo así puntoi y final a una larga aventura. En 1954, fue homenajeada en el Salón Náutico de Nueva York.
Tuve que navegar miles de millas de océano para descubrir que el coraje es la clave para vivir
Ann Davison
Durante los siguientes cinco años, Ann vivió como navegante errante entre Nueva York y las Bahamas, plasmando su experiencia en el libro «My Ship Is So Small» (1956), otro éxito de ventas. En Florida, se casó con Bert Billheimer, fotógrafo del Miami Herald. Vendió el «Felicity Ann» y en 1980 adquirió el «Gemini», un barco a motor de 17 pies (5,18 metros) con el que circunnavegó en solitario la costa este de Estados Unidos, los Grandes Lagos, el río Mississippi y el golfo de México. Este viaje se retrasó tras ser diagnosticada de cáncer que completó tras recuperarse, finalizando así su última gran aventura.

A lo largo de todas estas experiencias, Ann Davison demostró autosuficiencia extraordinaria, aunque tras la tragedia del Reliance era consciente de la importancia de saber pedir ayuda. Paradójicamente, su célebre cruce del Atlántico, símbolo de independencia, fue también lo que le enseñó a confiar en la generosidad ajena: desde el remolque hasta Francia hasta las acogidas en puerto y las reparaciones del barco, Ann fue siempre agradecida por “la bondad que hizo tanto para desgastar la roca del cinismo”. En sus propias palabras, su carrera de navegante solitaria la rescató de si misma. Reflexionando sobre su logro, Ann escribió: “Tuve que navegar miles de millas de océano para descubrir que el coraje es la clave para vivir”.
Ann Davison falleció el 12 de mayo de 1992, a los 78 años, en Florida. Su obituario en el «Tampa Tribune» no mencionó su hazaña atlántica, y los grandes medios estadounidenses no cubrieron su muerte. En 2017, el ayuntamiento de Wirral instaló una placa en Mere Brook House, su antiguo hogar, en honor a su travesía en solitario.,

El «Felicity Ann» sobrevivió varias décadas después. En 2007 era propiead de un particular en Haines, Alaska, y fue sometido a algunas restauraciones. El se vendió en 2009 y se restauró a manos de la Northwest School of Wooden Boatbuilding en Port Hadlock, Washington y botado en mayo de 2018.
- Vigo, la ciudad de este humilde escribiente. Vigo es la mayor ciudad de Galicia. Una ciudad industrial y pujante abierta al mundo. Se conoce como la Ciudad Olívica. La razón de hacerlo es que en el atrio de la iglesia de la Colegiata de Santa María existía desde muy antiguo un gran olivo, plantado por los Caballeros Templarios cuando regían esta feligresía. Aunque el olivo con el tiempo fue talado, en la actualidad existe otro que lo rememora – y del que se dice desciende del mismo árbol planatdo por aquellos templarios – en el Paseo de Alfonso XII. El olivo forma parte del escudo de la ciudad. Para saber más, sigue este enlace. ↩︎
Para saber más:
Academia Lab: ann-davison-marinera/
Barcos News: ann-davison-la-primera-mujer-que-navego-el-atlantico-en-solitario
Vigo é: la-escala-en-vigo-de-ann-davison-pionera-mundial-de-la-vela/
Practical Boat Owner: nn-davison-solo-transatlantic-first-79469
Liverpool Museum: ann-davison-first-woman-sail-atlantic-single-handed
Northwest School of Wooden Boatbuilding: https://nwswb.edu/felicityann/

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