Sobre estas líneas, un fotograma de la película «Star Trek, la nueva generación» de 1994. en el que Jean Luc Picard (Patrick Stewart) el capitán de la nave estelar USS Enterprise (NCC-1701-D) y su primer oficial Will Riker (Jonathan Frakes) caracterizados como oficiales de la armada británica del siglo XIX, recrean sus cargos en la cubierta de simulación virtual de la nave.
El verbo gobernar en el contexto náutico se refiere específicamente a la acción de dirigir el barco controlando su rumbo y sus maniobras. Quien gobierna el barco en el sentido de guiarlo en una u otra dirección, es el timonel, la persona encargada de manejar el timón bajo las órdenes superiores, por lo gneral dadas por el capitán, la máxima autoridad a bordo. Es quien toma las decisiones estratégicas, da las órdenes al timonel y supervisa toda la operación del barco de modo que, en efecto, el timonel ejecuta el gobierno físico del barco, manipulando el timón pero quien gobierna en al amplio sentido de autoridad es el capitán como líder responsable de la navegación, la tripulación y la seguridad. Navegar en la antigüedad era un arte esencial en el Mediterráneo, simbolizando sabiduría y equilibrio entre el control y el caos.
El origen etimológico
Para entender por qué gobernar se asocia con los barcos, hay que retroceder miles de años. La palabra proviene del griego antiguo kybernan que literalmente significa»conducir un barco o dirigir el timón. En la Antigua Grecia, los kibernetes eran los responsables de guiar las embarcaciones a través de aguas traicioneras, una tarea que requería no sólo habilidad técnica, sino también autoridad y decisión. Este término no era casual: implicaba control, dirección y responsabilidad sobre la nave y su tripulación. El kybernan era el verdadero capitán del barco y actuaba como timonel y piloto, quien conocía la ubicación de los refugios seguros y cómo maniobrar el barco para acceder a ellos. Sin embargo, en los buques militares, el timonel (y práctico) –kybernan– y el capitán –trierarco– eran dos personas distintas.

En un trirreme el Kybernetes era el timonel, el profesional encargado de dirigir la nave, situado en la popa. Los trirremes utilizaban dos remos grandes situados a babor y estribor de la popa para la dirección El kybernetes no solo dirigía la boga, sino que era crucial durante el combate para posicionar el trirreme y golpear con el espolón de proa a los barcos enemigos. Trabajaba junto al trierarca (capitán) y otros oficiales como el keleustes (jefe de remeros) para asegurar la disciplina y la maniobrabilidad de los 170 remeros del trirreme
En ocasiones, el piloto antiguo trabajaba de forma similar a un piloto marítimo moderno, quien suele estar establecido en un puerto determinado y posee un conocimiento detallado de las vías marítimas locales, además de una amplia experiencia en el manejo de buques
Platón utilizó el términio kybernan para comparar la responsabilidad de guiar un barco entre peligros, con el arte de gobernar un Estado. De Grecia, el término se tradujo al latín como gubernare, manteniendo su sentido náutico original: dirigir el barco con el timón. Los romanos, grandes navegantes y constructores de imperios, adoptaron esta palabra para describir la acción de manejar el timón, en latín el gubernaculum. Con el tiempo, gubernare evolucionó en el español gobernar.

Siguiendo el mismo símil griego y romano, los hablantes medievales extendieron el término gobierno a la política. Dirigir un barco entre impredecibles tormentas, corrientes traicioneras y la imprescindible capacidad de liderazgo y toma rápida de decisiones, se era el símil perfecto para gobernar un pueblo o un estado. Términos como gobernante, gobernador y gobernados nacieron de esta misma raíz, uniendo el mundo marítimo con el administrativo. Aunque en deshuso, en la actualidad nuestro idioma, conserva vestigios de este origen en términos náuticos como gobernalle, nombre que recibe el timón del barco.
¿Por qué no emplear el término conducir?
Ahora, ¿por qué no usamos conducir para los barcos? Conducir tienen su raíz etimológica en el latín conducere, que significa llevar juntos o guiar. Es un verbo más general, aplicable a vehículos terrestres como coches o incluso a acciones abstractas como conducir una reunión. En el contexto náutico, conducir podría sonar genérico o impreciso, ya que no captura la esencia de gobernar que implica un control autoritario y estratégico sobre la embarcación. En inglés, por ejemplo, el capitán comanda –commands-, es decir, emite órdenes.
En español, el lenguaje náutico es rico en términos especializados que evitan confusiones. Por ejemplo pilotar se usa para aviones o, en contextos marítimos, para guiar barcos en puertos complicados (como un «piloto de puerto»). No es el verbo estándar para la navegación general; navegar: Implica el acto de viajar por el mar, pero no necesariamente el control del timón. Puedes navegar en un barco sin ser quien lo gobierna; manejar es común en contextos informales, pero en náutica profesional se prefiere gobernar por su precisión.

Como analogía sigue utilizándose como crítica a la mala gestión política y social. No es infrecuente escuchar o leer crónicas políticas que afirman que «no hay nadie al timón» o asociar el caso con el «desgobierno». La escritora Katherine Anne Porter publicó «La nave de los locos» (Ship of Fools) en 1962, un éxito de ventas en el que narra, a modo de alegoría, un viaje en barco desde México a Alemania poco antes de la Segunda Guerra Mundial, explorando los conflictos humanos, el antisemitismo y la decadencia social.
Esta distinción no es exclusiva del español. En inglés, se dice to steer o to helm un barco, no to drive . En francés, es gouverner (similar a nuestro gobernar, pues hunde su raíz en el mismo origen latín del término). La tradición marítima europea, influída por griegos y romanos, ha preservado estos verbos específicos para honrar la complejidad de la navegación.
El origen náutico del termino gobernar refleja cómo el mar ha moldeado nuestra cultura. En la Antigüedad, las civilizaciones mediterráneas dependían del comercio y la exploración marítima. Los griegos, con su flota en la Guerra del Peloponeso, y los romanos, con su dominio del Mare Nostrum, veían la navegación como un arte supremo. No es casual que Platón usara la metáfora del barco del estado en «La República,» donde el gobernante es como un capitán sabio. En la Edad Media y la Era de los Descubrimientos, España se convirtió en una potencia naval. Los grandes exploradores gobernaban sus embarcaciones, en ls que eran lo máximos representantes de la autoridad y la ley, y el lenguaje se estandarizó en tratados náuticos.
De kybernētēs a cibernética
En el siglo XIX, el físico francés André-Marie Ampère (conocido por sus contribuciones a la electromagnetismo) revivió el término griego kybernētēs como cybernétique en francés alrededor de 1834, definiéndolo como el arte de gobernar o la ciencia del gobierno civil. Esto marcó un paso hacia un uso más abstracto, aplicándolo a sistemas de control social y político.
En 1868, el físico escocés James Clerk Maxwell publicó un trabajo sobre mecanismos de retroalimentación en gobernadores (dispositivos reguladores en máquinas de vapor), donde governor (gobernador) se conecta etimológicamente con kybernētēs a través del latín. Esto introdujo la noción de control automático, un precursor conceptual de la cibernética moderna.

El término cybernetics fue acuñado definitivamente en 1948 por el matemático estadounidense Norbert Wiener en su libro Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine. Wiener eligió esta palabra deliberadamente como una expresión neogriega, derivada de kybernētēs –timonel-, para describir la ciencia del control y la comunicación en sistemas biológicos y mecánicos. Reconoció la influencia de Ampère y Maxwell, y la seleccionó porque capturaba la idea de retroalimentación circular, como en el pilotaje de un barco.
Wiener explicó en su libro que buscaba un término neutral y nuevo, ya que los existentes estaban sesgados, y optó por esta raíz griega para enfatizar el gobierno o dirección de sistemas complejos. En 1950, amplió sus ideas en The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society, consolidando el concepto.
En español, el término se adoptó como cibernética, una transliteración directa del inglés cybernetics y el francés cybernétique. Esta forma mantiene la esencia griega pero se adapta fonéticamente. Hoy, cibernética se usa para referirse a la disciplina científica, y ha dado lugar a prefijos como ciber– en palabras como ciberespacio o ciberseguridad aunque estos usos posteriores (desde los años 1980) son extensiones que a veces se desvían del sentido original de control.
Para saber más:
www.ancientportsantiques.com
www.nationalgeographic.com
https://www.kubernetica.com

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