El Krabbe, como buen barco de pabellón polaco, sabe que el mejor lugar donde se puede residir es el sur de las rías Baixas, en Pontevedra, GZ, España. y especialmente la Bahía de Baiona. Al Krabbe y a sus tripulantes les gusta, de vez en cuando, navegar siguiendo la línea de la costa marcada por Playa América, disfrutando con lentitud y parsimonia del paisaje y de la observación de la actividad de los veraneantes apiñados en las zonas secas del arenal. A mí la imagen me resulta en ocasiones, supongo que como a muchos que como yo conocimos el lugar hace 50 años, un doloroso ataque de nostalgia. La playa era mucho más ancha, el arenal más extenso, había menos edificios, menos tráfico y una atmósfera de veraneo sereno que poco a poco se fue transformando en un bullicio incesante.

De Area Loura a Praia América: origen y transformación urbana
El arenal que hoy conocemos como Praia América se llamaba originalmente Praia de Area Loura o Playa de Lourido por el color dorado de sus arenas y porque formaba parte de un sistema dunar natural en la ría de Vigo. En 1927, el empresario Manuel Lemos1 —un emigrante que había hecho fortuna en Argentina— decidió rebautizar el arenal con un nombre más comercial (Playa América) y promoverlo como destino turístico de alto nivel, comparándolo con lugares como la Costa Azul. Su proyecto incluía chalés residenciales, un centro social (el Pabellón Bleu), un hotel y una avenida marítima junto al arenal, con la idea de convertirlo en “la Niza gallega”.


La urbanización que comenzó en los años 20 y se aceleró en las décadas siguientes incorporó infraestructuras y edificaciones directamente sobre el sistema dunar, algo que en su origen era prácticamente inexistente. Las primeras construcciones (chalés, pabellones, paseos) se asentaron sobre lo que eran dunas móviles, sin respetar la dinámica natural de sedimentación y movilidad de esos sistemas, algo que en la época no se tenía en cuenta ni se estudiaba. No había estudios de impacto medioambiental.


Durante los años 60 y 70, la urbanización tomó ritmo con más viviendas y servicios turísticos en primera línea, lo que llevó a la pérdida de gran parte de las dunas originales y a la transformación del borde costero natural en un frente urbano. Esta expansión urbana acabó “fijando” dunas que antes se movían con los vientos y el oleaje, y eliminó gran parte de la interacción entre playa y duna que tenía lugar en un sistema sano.

Durante este boom urbanístico desordenado, las dunas no desaparecieron por causas naturales, sino que fueron tratadas como una simple cantera de materiales: A pesar de existir normas urbanísticas, el incumplimiento de los plazos en las dotaciones permitió que los promotores construyeran sin una visión de conjunto ni respeto por la dinámica costera. Los camiones entraban vacíos y salían repletos de arena para consolidar terrenos en los que levantar nuevas edificaciones. Una vez eliminada la protección natural de la arena, los terrenos se subastaron para la construcción.

La urbanización de Praia América no solo cambió la forma del paisaje, sino también la dinámica sedimentaria y ecológica. Se perdieron las dunas al destruir sus sistema dinámico al abrir calles, construir muros y romper sus sistema de equilibrio. La mayor parte del sistema dunar original fue alterado o removido por obras, paseos marítimos, edificaciones y ocupación del borde de la playa y como consecuencia, la interacción natural entre viento, arena y vegetación —que permite el crecimiento y mantenimiento de dunas— se redujo o desapareció en amplias zonas.

Una duna es el almacén natural de arena depositada por el viento que termiará regresando en un bucle continua a la playa, y de ahí, de nuevo a la duna. Al eliminar el almacén de arena dunar y su capacidad de movilizar sedimento hacia la playa, el sistema costero pierde resiliencia ante temporales y subidas del nivel del mar. Estas dunas, en su estado natural, hubieran ayudado a disipar la energía del oleaje, a acumular arena y a mitigar la erosión de la playa a lo largo del tiempo. Su reducción coloca al arenal en una situación más vulnerable.

La urbanización también ha modificado flujos de sedimento y procesos costeros, al introducir pavimentos, muros y superficies impermeables que impiden la acumulación natural y el transporte de arena alterando la acumulación natural de sedimentos y la dinámica litoral del viento y la acción del mar y las mareas.

Con frecuencia se culpa al espigón del muelle y al paseo marítimo de la pérdida de las dunas. Los datos indican que, para cuando estas obras comenzaron, el sistema dunar ya era prácticamente historia. Iniciado bajo el mandato del alcalde D. Modesto Valverde, el espigón del muelle de Panxón construido entre 1979-1987, buscaba ganar abrigo para el puerto, pero terminó de alterar la deriva de los sedimentos. Pero esa no fue la causa del destrozo mediambiental.
El comienzo del fin de las dunas: el gran temporal de 1941
Entre el 15 y el 16 de febrero de 1941, un fortísimo temporal2, un huracán, al que hoy llamaríamos una ciclogénesis explosiva, azotó con brutal fuerza las costa de Pontevedra y del norte de Portugal. Se combinaron vientos huracanados con mareas vivas muy altas.

En aquella época (como has visto en las fotos de 1925 y 1930 que hemos trabajado), los chalets y casas de veraneo de la burguesía viguesa y madrileña se habían construido directamente sobre el sistema dunar, sin una cimentación profunda en roca y sin una protección rígida fuerte delante. El oleaje hizo desaparecer literalmente la playa y la duna frontal. Al desaparecer la arena que las sustentaba, los cimientos de varias edificaciones de primera línea quedaron al aire. El antiguo muro de mampostería que se había construido sobre las dunas de la orilla fue arrasado. El mar entró con violencia provocando el derrumbe de muros, jardines y afectó severamente a las estructuras de varios chalets, que se vinieron abajo o quedaron en ruinas.
La construcción del muro (el actual paseo)
Este suceso fue la causa que provocó la decisión de construir el actual muro de hormigón y piedra. Tras el desastre de 1941, la prioridad en aquella época fue reforzar el límite con la playa y el mar. Recuperar la duna es un concepto ecológico actual que no se contemplaba en aquella época. Se construyó el gran muro de contención y el paseo marítimo elevado para salvar las casas que quedaban y permitir construir más, sacrificando para siempre la dinámica natural de la playa y las dunas que actuaban de defensa flexible.
El Paseo Marítimo finalizado a lo largo de Años 90) entre la segunda etapa de Valverde y el mandato del alcalde D. Avelino Fernández, fue una intervención desafortunada que terminó de rigidizar la costa, el tiro de gracia que impide hoy cualquier posibilidad de recuperación natural, habiendo modificado para siempre cómo la playa interactúa con el mar.
El declive de la playa: nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena
Hoy en día las playas de San Xoán (Panxón) y Praia América siguen siendo arenales muy populares y reconocidos turísticamente, pero con un sistema costero muy alterado: La presión urbanística ha provocado que del sistema dunar original tan sólo queden minúsculos fragmentos de dunas protegidas, sin duda un acto de heroísmo, y que el resto del sistema se haya convertido en espacio urbano o paseos pavimentados, sin la más mínima capacidad dinámica original.



Frente a este deterioro, en las últimas décadas el Concello de Nigrán ha promovido proyectos de recuperación y protección, como la creación de microrreservas naturales que restringen la intervención humana en zonas dunares y permiten su recolonización y estudio científico. Incluso se han incorporado iniciativas de educación ambiental y medidas de conservación para poner en valor el ecosistema dunar que sobrevivió, mostrando imágenes históricas de las dunas de los años 1940 y reflexionando sobre el enorme cambio sufrido.

Así el reconicimiento de ENIL (Espacio Natural de Interés Local) fue aprobado en el Diario Oficial de Galicia Jueves, 17 de julio de 2014. Estas acciones reflejan un reconocimiento tardío, pero imprescindible, de la importancia de las dunas y de la necesidad de que la gestión costera contemporánea incorpore la conservación de sistemas naturales como elemento clave para la estabilidad del litoral. Estos pequeños espacios están a ambos márgenes del río Muiños, que desemboca en la playa , creando, año tras año, distintos meandros, alfaques y recorridos variables entre la arena de las dunas.
Entendiendo la dinámica de las dunas
No soy ni biólogo, ni geólogo, ni geomorfólogo ni dispongo de ningún tipo de títulación que pueda acreditar ningún tipo de conocimiento técnico o científico con el que pueda defender desde una autoridad certificada una explicación tan básica como lógica basada en la mera observación y el sentido común. Como el sentido común no es ninguna garantía de exactitud, he recurrido a la búsqueda de documentación autorizada que, resumida, sirva para exponer aquello que ya intuía hace años y que ahora confirmo y expongo con toda la sencillez de que soy capaz. Vamos a entender como un muro, un paseo, una carretera… son obstáculos que destruyen sistemas complejos en equilibrio.
El equilibrio natural: la duna como sistema de ahorro dinámico

En un litoral natural, no alterado, la playa y la duna forman un sistema sedimentario único, en permanente intercambio de arena. No son elementos independientes, sino partes de un mismo mecanismo de autorregulación. La pendiente suave de la playa es clave: permite que las olas disipen su energía gradualmente, reduciendo la capacidad erosiva del oleaje. En situaciones de calma, el oleaje deposita arena en la zona intermareal, ensanchando la playa seca. El viento, por su parte, transporta la arena seca hacia el interior. La vegetación dunar actúa como un filtro natural: reduce la velocidad del viento, hace que la arena caiga y se acumule, y estabiliza la duna con sus raíces. De este modo, la duna crece de forma lenta pero constante.
Cuando llegan temporales, parte de esa arena almacenada se libera hacia la playa. Lejos de ser un fallo, esta erosión puntual es una función esencial del sistema. Tras el episodio energético, el ciclo se invierte y la arena vuelve progresivamente a su lugar. La duna funciona como una infraestructura natural flexible, capaz de absorber impactos y recuperarse sin colapsar.
La intervención humana: el cerrojo que bloquea el sistema

La construcción de infraestructuras rígidas sobre la duna primaria introduce una ruptura estructural en el sistema litoral. Al colocar un muro, un paseo marítimo o una carretera se producen una serie consecuencias que producen un efecto dominó. Se elimina el espacio de movilidad natural de la duna, se interrumpe el transporte eólico de arena desde la playa y se impide el retorno de sedimentos desde la duna hacia la orilla. El sistema, que antes era dinámico, pasa a ser estático por imposición. La duna queda fijada artificialmente, pero pierde su función activa. La playa, por su parte, queda privada de su principal fuente de sedimento de emergencia. Este tipo de intervención actúa como un cerrojo costero al bloquear los flujos dinámicos que mantenían el equilibrio. El problema no es la presencia del mar, sino la rigidez introducida en un sistema que necesita moverse.
La tormenta y el efecto espejo: cuando la energía no tiene salida


Durante un temporal, la diferencia entre un sistema natural y uno rigidizado se amplifica de forma dramática. En una costa natural, la duna de arena se deforma, cede material. y absorbe parte de la energía del oleaje. Este comportamiento blando reduce la fuerza de las olas siguientes y protege el perfil de la playa. En cambio, un muro actúa como una superficie reflectante. La ola no pierde energía al impactar; simplemente cambia de dirección. Esta reflexión concentra la energía en la base de la estructura y en el fondo inmediato. El resultado es la socavación acelerada: el sedimento es arrancado justo donde la estabilidad es más crítica. Cuanto más vertical y rígida es la estructura, más intenso es este efecto. El muro no elimina la energía del mar: la devuelve amplificada hacia el sistema.
El aplanamiento del perfil y la pérdida irreversible de arena

La playa, que antes tenía pendiente suave, ahora es plana y profunda. La arena cruza la «profundidad de cierre» (una línea punteada imaginaria). Una vez que pasa esa línea hacia el fondo, las olas normales ya no tienen fuerza para traerla de vuelta. Hay un transporte Irreversible de arena. La arena no se queda en la orilla, es arrastrada al interior del mar.
La arena excavada por la socavación no se deposita de nuevo en la playa. La reflexión del oleaje genera una corriente de retorno intensa, dirigida mar adentro, que transporta el sedimento hacia aguas más profundas. Este proceso provoca dos efectos encadenados. En primer lugar, produce un aplanamiento del perfil de la playa La pendiente suave desaparece. La playa se vuelve más profunda desde la misma orilla, lo que permite que las olas rompan con mayor energía cada vez más cerca del muro. Y en segundo lugar un Cruce de la profundidad de cierre Una vez que la arena supera cierta profundidad, el oleaje ordinario ya no puede movilizarla de vuelta. El sedimento queda fuera del sistema litoral activo. Este punto es crucial: no se trata de una redistribución, sino de una pérdida definitiva de material. La playa no se erosiona: se vacía.
5. El resultado final: una costa sin playa y con infraestructuras frágiles


Tras repetidos temporales, el sistema entra en una fase de colapso funcional. En condiciones normales de mar el agua alcanza el muro sin necesidad de grandes mareas. La playa seca desaparece por completo. Así el uso recreativo y ecológico del litoral se pierde y la infraestructura construida queda ahora en riesgo pues los cimientos quedan al descubierto. Comienzan a aparecer grietas y fallos estructurales. Se requieren costosas obras de emergencia o aportes artificiales de arena, que rara vez resuelven el problema de fondo. Mientras tanto, la duna situada detrás del muro permanece intacta, pero desconectada y muerta, incapaz de interactuar con el sistema costero. El resultado final es una costa más vulnerable, cara de mantener y sin playa.
¿Es recuperable la playa? ¿Lo son las dunas?
Tras haberle dado unas cuantas vueltas ya he llegado yo solito a la conclusión de que la demolición de los chalets y los edificios es inviable. Los propietarios de esas viviendas no son los responsables de las catastróficas consecuencias observadas cincuenta o sesenta años después. Harina de otro costal es la responsabilidad política de antaño.
Así pues, sin miedo, emulando a cualquiera de los hermanos Garzón, pudiendo pasar a formar parte de la paradoja Garzón, pero con algo de humildad, como mero observador y aplicando el principio de la Navaja de Ockham, eliminando complejos y eruditos análisis, he pensado .supongo que no soy el primero, pero sí el más imprudente que lo propone- que puede ser una buena idea para recuperar las dunas perdidas por haber construido un muro y una ciudad, el hacer un relleno de arena que avance desde el muro hacia el mar, reproduciendo una duna móvil de considerable altura que permita recuperar el flujo natural del viento y el agua en combinación con la arena.
Entiendo, como profano, que debería ser técnicamente posible. Para la recuperación es imprescindible la vegetación para fijar el sustrato. La plantación de especies nativas propias de las dunas como el barrón, la grama marina, el cardo, la siempreviva… para retener la arena, atrapar nuevos sedimentos transportados por el viento y estabilizar la estructura frente a la erosión por viento y mar.



El relleno para reconstruir el volumen sedimentario perdido para formar la base de la nueva duna se realizaría avanzando hacia el mar, por delante del actual paseo, alcanzado, la cresta de la duna, una altura si cabe superior a la del paseo. El objetivo es modelar la arena aportada para imitar el perfil de una duna natural, incluyendo una pendiente suave hacia el mar que amortigüe el oleaje. Se busca crear un «cordón dunar» que funcione como reserva de arena.
Este, salvo que los técnicos y los expertos adviertan que es una solemne tontería o un proyecto irrealizable, sería la aspiración más sensata para redimir el pecado cometido por haber permitido y participado por inacción del atentado paisajístico y ecológico perpetrado a lo largo de estos años. Y sería, espero, la fórmula a estudiar para recuperar los arenales desaparecidos de Praia América, Panxón y el resto de las playas en peligro del ayuntamiento, como la Madorra y Patos.
Evidentemente no estoy capacitado para elaborar un pliego técnico, o hacer un estudio medioambiental detallado. Este post es una breve reflexión, un relato resumido de la historia local de un lugar en elq ue entre cardos, cañas, arena y caminos de tierra, pasé mi infancia en bicicleta, chancletas y camisetas sucias. Un ataque de nostalgia y una forma de animar a intentar recuperar una parte de lo perdido.
Espero que los expertos sepan disculpar lo osado e imprudente de mi reflexión y mi propuesta, puede que pueril, pero llena de buena intención, para que sean muchas más la generaciones que puedan disfrutar de las dunas y las playas de mi querido Nigrán.
Panxón, Nigrán: venga vd. a visitarnos
Para quienes no lo conozcáis, Panxón es una encantadora parroquia3 costera situada en el municipio de Nigrán, en la comarca de Val Miñor, dentro de la provincia de Pontevedra (Galicia, España). Forma parte del Concello de Nigrán, junto con otras parroquias como Playa América o Priegue. Se encuentra al sur de las Rías Baixas. Panxón es un pequeño pueblo marinero que ha sabido conservar su esencia pese al desarrollo turístico de la zona. Su identidad se entrelaza con el mar: las barcas, los marineros, las fiestas patronales y la gastronomía basada en el pescado fresco y el marisco forman parte de su vida cotidiana.
Panxón ofrece una combinación perfecta de naturaleza, patrimonio y ambiente costero relajado como las playas de Panxón y playa América, una extensa franja de arena dorada, unida sin interrupción, ideal para pasear, nadar o practicar deportes náuticos. Merece una visita el Templo Votivo del Mar, obra emblemática del arquitecto Antonio Palacios, famosa por su diseño monumental y simbólico que homenajea al mundo marinero gallego. Muy cerca se encuentran las dunas protegidas de Monteferro, con senderos costeros y vistas panorámicas sobre las Islas Cíes. Panxón combina la autenticidad de un pueblo gallego tradicional con la belleza natural de las Rías Baixas, ofreciendo al visitante descanso, paisaje, buen comer y contacto con la cultura marinera local. Es un lugar perfecto tanto para disfrutar de la playa y el mar, como para descubrir la esencia más tranquila y genuina de Galicia.
Notas:
- Manuel Lemos fue un emigrante gallego original del Val Miñor, Nigrán, Pontevedra, GZ, empresario exitoso en Argentina donde fundó la bodega La Superiora y desarrolló una red de viñedos y distribución de vinos en Mendoza y San Juan. Regresó a Galicia y se le atribuye la iniciativa de la urbanización de las playas de Playa América y Panxón, incluyendo la construcción de un mercado en A Ramallosa con fondos propios. No ostentó cargo oficial alguno. Era un filántropo y benefactor local que impulsó obras públicas y culturales, como escuelas y asociaciones de emigrantes, por propia iniciativa privada.(Fuente: Crónicas de la emigración ) ↩︎
- El temporal desatado entre el 15 y el 16 de febrero de 1941 se considera, con diferencia, el episodio meteorológico más violento de todo el siglo XX ocurrido en la península ibérica. Quienes lo vivieron aún recuerdan su ferocidad, confirmada por unas rachas de viento cuyos registros máximos siguen vigentes hoy en día, imbatidos tras casi un siglo. Paradojicamente un evento de tal magnitud está muy poco documentado. La explicación reside en el contexto histórico: una España de posguerra, aislada y alineada con Alemania en plena Segunda Guerra Mundial. Esta situación provocó el cese del intercambio de datos con los países aliados y paralizó la actividad normal del Servicio Meteorológico Nacional. Climáticamente, aquello fue el culmen de tres inviernos excepcionalmente duros en Europa, marcados por una circulación de aire polar del oeste que, sin altas presiones que la frenaran, golpeó la Península con una fuerza inaudita. ↩︎
- En Galicia —y también en buena parte del noroeste de España, especialmente en Asturias y en algunas zonas de León— el término parroquia tiene un significado civil y cultural único, diferente de su sentido estrictamente religioso. Se entiende como una división territorial tradicional dentro de un municipio. Es más pequeña que el municipio, pero más grande que un barrio o núcleo de casas. Suele reunir a distintas aldeas, lugares o barrios que comparten una identidad común, costumbres, fiestas y por lo general, una misma iglesia o capilla. En el caso de Panxón, por ejemplo, se trata de una parroquia del municipio de Nigrán, que incluye el núcleo marinero del puerto, zonas residenciales, la playa y parte del entorno natural como Monteferro. El término viene de la antigua parroquia eclesiástica. En el pasado, la iglesia era el centro de la vida comunitaria —religiosa, social y administrativa—, y las zonas que dependían de una misma iglesia se llamaban “parroquias”.
Con el tiempo, este modelo se mantuvo también como unidad civil y cultural, no sólo religiosa. ↩︎
Para saber más:
Concello de Nigrán: https://www.nigran.es
Archivo Audiovisual de Nigrán: https://arquivoaudiovisualnigran.org/
Vigo E: https://www.vigoe.es/
Miteco: https://www.miteco.gob.es
Meteored: https://www.tiempo.com/

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