La Saga de los Hermanos Garzón: O cómo arreglar el mundo (y estropearlo) en dos sencillos pasos
Para entender la política económica reciente de España, no hace falta estudiar gráficos complejos ni aburridas estadísticas. Solo necesitas conocer a los «Hermanos Marx» de la economía ibérica: Alberto y Eduardo Garzón.
Imagina una sitcom donde uno de los hermanos vive obsesionado con la Unión Soviética de 1917 y el otro vive en un videojuego donde el dinero es infinito. Bienvenidos al show.
Alberto: El Comunista «Vintage» y Ministro del «Prohibido»
Alberto es el hermano mayor y el más famoso, habiendo llegado incluso a ser Ministro de Consumo. Su rol en esta comedia es el del comunista estético.
Para alguien de fuera de España, Alberto es ese amigo que leyó a Karl Marx en la universidad y decidió que esa era su personalidad para siempre. Pero en lugar de tomar el Palacio de Invierno por las armas, Alberto decidió tomar el supermercado.
Su superpoder es encontrar cosas cotidianas y declararlas enemigas del pueblo:
¿La carne? Mala. Las vacas son neoliberales y contaminan. Alberto sugirió que los españoles dejaran de comer chuletones, lo que en España (tierra del jamón) es casi motivo de excomunión.
¿Los juguetes? Sexistas. Alberto montó una huelga de juguetes (sí, de muñecos) para protestar.
¿Los dulces? Veneno capitalista. Su filosofía se resume en: «Si te gusta, seguro que está mal. Si es divertido, hay que regularlo. Y si es barato, es explotación». Se le conoce por dar discursos grandilocuentes sobre la lucha de clases mientras tuitea desde un iPhone de última generación, una paradoja que él resuelve con mucha dignidad (y bloqueando a gente en Twitter).
Eduardo: El «Harry Potter» de la Economía (La Magia del Dinero)
Si Alberto es el que te dice qué no puedes comprar, Eduardo es el hermano menor, Doctor en Economía, que te dice cómo pagarlo todo sin trabajar.
Eduardo es famoso por ser el mayor defensor de la Teoría Monetaria Moderna (TMM), que él interpreta básicamente como el truco de dinero infinito en el GTA. Para Eduardo, la economía es muy sencilla y los demás somos tontos por preocuparnos:
¿Falta dinero para hospitales? ¡Imprime billetes!
¿Hay paro? ¡Imprime billetes y contrátalos a todos!
¿Nadie quiere trabajar? ¡Imprime billetes y dáselos!
Cuando alguien (generalmente otro economista al borde del infarto) le pregunta: «Pero Eduardo, ¿y la inflación? Si imprimes trillones de euros, el pan costará un millón de euros», Eduardo sonríe con condescendencia académica. Para él, la inflación es un mito, como los unicornios o la responsabilidad fiscal. Su solución para todo es darle a la tecla «Imprimir» en el Banco Central Europeo hasta que se acabe la tinta o el mundo explote, lo que ocurra primero.

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