Hace unos días, un buen amigo, compartía un interesante post en un grupo de Facebook Era la historia de la balsa Acali. El texto consistía en un breve resumen, acompañado de un par de fotografías, de aquella expedición cuyo principal objetivo era demostrar, o eso buscaba su promotor, Santiago Genovés, que la violencia es una parte incontrolable de la naturaleza humana. Pero falló, incluso tratando de demostrar su teoría provocando situaciones que quizá en otras circunstancias, o en otro grupo humano, pudieran haber desembocado en el estallido de violencia o agresividad que él hubiera esperado demostrar como inevitable. Probablemente este experimento haya sido el mayor y más caro intento de la historia de demostrar un sofisma.
El 12 de mayo de 1973 una balsa de 12 metros de eslora por 7 metros de manga, con tres cascos, una cabina única de 4 por 4 metros, sin motor y una tripulación mixta de 11 hombres y mujeres, partió de Las Palmas de Gran Canaria rumbo a Cozumel, México. Su nombre, Acali, significaba «casa sobre el agua» en náhuatl, y su propósito era tan audaz como polémico: convertirse en un laboratorio flotante para estudiar la naturaleza humana bajo presión extrema. Al mando estaba Santiago Genovés Tarazaga, antropólogo mexicano de origen español, conocido por su osadía intelectual y por haber navegado con Thor Heyerdahl en las dos expediciones Ra.

La idea de Acali no fue alumbrada en un despacho ni en un laboratorio, sino en la vida real. Genovés había vivido muy de cerca el miedo y la tensión cuando, en noviembre de 1972, fue protagonista involuntario del secuestro de un avión a Cuba. Observó cómo el pánico inicial de los pasajeros contrastaba con la calma organizada que surgía después del peligro inmediato. Para él, la verdadera naturaleza humana tan sólo emergía en momentos extremos. Así, decidió crear un entorno donde el conflicto fuera inevitable: espacio reducido, diversidad radical y aislamiento total.
El diseño de la balsa

La balsa Acali fue construida en Newcastle, Inglaterra, por José Antonio Mandri y Colin Mudie, combinando acero y madera. Su casco de acero estaba dividido en tres quillas huecas que se inundaban para ajustar el lastre, y la cabina central de 4×4 metros ofrecía apenas refugio contra el clima, obligando a la tripulación a compartir estrechos espacios y a convivir bajo la mirada constante de los demás. Carecía de motor. El avance de la balsa dependía del viento y las corrientes. Sí disponía de un generador, dedicado a disponer de electricidad y comunicación por radio. La comida, el agua y los recursos eran limitados, y el entretenimiento se restringía a la interacción humana directa: conversaciones, canciones y juegos improvisados.


Para maximizar el potencial de conflicto, Genovés seleccionó cuidadosamente a los diez voluntarios que lo acompañarían. La tripulación incluía hombres y mujeres de diferentes nacionalidades, razas y religiones: una capitana sueca, María Björnstam, navegante profesional; Edna Jonas, médico judía; Bernardo Bongo, sacerdote angoleño; un camarógrafo japonés, y otros jóvenes de Estados Unidos, Francia, Grecia, Uruguay y Argelia. Genovés esperaba que la diversidad cultural y los conflictos de género generaran tensiones medibles, mientras que la atracción sexual actuaría como catalizador de la agresión.
Los primeros días: adaptación y rutina
El 12 de mayo de 1973, Acali zarpó. Durante las primeras semanas, la tripulación enfrentó el mareo, la incomodidad del espacio reducido y las tareas diarias de cocina, limpieza y mantenimiento. Paradójicamente, la convivencia se desarrolló de manera armoniosa: las discusiones eran raras y las relaciones sexuales no provocaron los estallidos de celos ni violencia que Genovés anticipaba. El grupo empezó a organizarse de manera cooperativa, estableciendo turnos y creando rituales cotidianos que promovían la cohesión.






El aislamiento y la falta de privacidad también revelaron la auténtica naturaleza del océano. éste se revelaba ante los aventureros como un auténtico desierto de agua, sobre cuya superficie no no se divisaba vida alguna, hasta que, de pronto, un tiburón curioso aparecía junto a ella, atraído por los restos de la pesca. O por el contrario, la calma se veía interrumpida violentamente por encuentros más peligrosos: durante un baño en un tubo metálico con red de protección, la experimentada submarinista Rachida Mazani fue alcanzada por un largo filamento de falsa medusa, la Physalia physalis, conocida como Carabela Portuguesa1 cuyos tentáculos pueden llegar a los 20 metros y contienen un veneno capaz de causar la muerte.

La doctora Edna Jonas tuvo que aplicar de inmediato los medicamentos para neutralizar las quemaduras y la toxicidad del contacto. El incidente causó pánico momentáneo, pero también fortaleció los vínculos de cuidado mutuo: la tripulación se volcó en asistir a Rachida, y todos se hicieron conscientes de que la amenaza real no estaba en la dinámica social, sino en la naturaleza.
El liderazgo autoritario: Genovés como fuente de tensión
Frustrado por la cooperación inesperada, Genovés decidió intervenir. Comenzó a manipular turnos, a insinuar alianzas y a intentar sembrar la cizaña entre los tripulantes. Buscaba provocar el conflicto que esperaba estudiar. Pronto quedó claro que el verdadero foco de tensión no eran las diferencias de raza, género o nacionalidad, sino su propia actitud autoritaria y manipuladora. La tripulación empezó a percibir que su líder científico se había convertido en un factor de estrés constante.



En el secuestro del vuelo 705 de Mexicana de Aviación de noviembre de 1972 que había servido de inspiración a Genovés para su experimento, el control de la situación lo tenía una persona armada que imponía las normas y cuy presencia, amenazadora, generaba una gran tensión en un espacio confinado, como era el avión. En él todos los pasajeros y la tripulación se veían obligados a convivir bajo esas reglas impuestas por la fuerza durante horas.
Pero en el desarrollo de la expedición Acali en 1973, ocurrió algo curioso. Según afirmaron algunos miembros de la tripulación, el propio Genovés terminó adoptando un rol de control muy fuerte. Por supuesto no amezaba a nadie con un arma pero disponía de una capacidad enorme de coherción que sabía utilizar. De él dependía el control del experimento, gozaba de la autoridad científica por su titulación y la cúspide jerárquica que ocupaba al haber sido el organizador y ser la máxima autoridad a bordo, imponiéndose incluso sobre las decisiones de la capitana y tenía, además, una poderosa herramienta, que era a capacidad de registrar y evaluar el comportamiento de todos los demás miembros. Observaba, regulaba y juzgaba el sistema social creado en aquel microcosmos.


El huracán y el “motín” de la balsa
Cuando la Acali llegó al Caribe, la radio advirtió sobre la formación del huracán Brenda. La capitana Maria Björnstam propuso cambiar de rumbo para resguardar la vida de todos. Genovés se opuso, argumentando que la presión extrema era esencial para el experimento, y llegó a autoproclamarse capitán, intentando destituir a María.
Este episodio se convirtió en un auténtico motín: la tripulación, consciente del riesgo real, votó por mantener a María al mando y priorizar la seguridad. La tormenta no golpeó de lleno la balsa, pero la tensión quedó grabada como un ejemplo claro de cómo un liderazgo racional y colectivo prevalece sobre la autoridad autoritaria, incluso bajo riesgo extremo.

La travesía final y llegada a México
Tras 101 días de navegación, con una escala intermedia en Barbados para reaprovisionamiento, Acali llegó finalmente a Cozumel, México, el 22 de agosto de 1973. Los datos recogidos confirmaron lo que Genovés no quería aceptar: los niveles de violencia eran mínimos, la convivencia había sido sorprendentemente cooperativa, y la solidaridad del grupo superaba cualquier diferencia cultural o sexual. La prensa, sin embargo, se concentró en el mito de la “balsa del sexo”, eclipsando la riqueza científica de la experiencia.

Durante décadas, Acali fue recordada como un experimento erótico de los años 70. No fue sino hasta 2018, con el documental The Raft de Marcus Lindeen, en el que se recuperó el verdadero valor del proyecto: un estudio sobre liderazgo, ética, resiliencia y la capacidad humana de cooperación frente a la adversidad. La travesía demostró que la violencia no es un atributo inevitable de la humanidad, sino que emerge en función de la estructura de poder y la manipulación externa.
Notas:
- La carabela portuguesa, de nombre científico es Physalia physalis, no es una medusa como yo mismo pensaba hasta el mismo momento de escribir estas líneas, sino un sifonóforo, que es una colonia de pequeños organismos que trabajan juntos como si fueran un solo animal. Esta criatura marina flota en la superficie del océano y se mueve gracias al viento y las corrientes marinas, ya que no puede nadar por sí sola. Tiene un flotador en forma de globo lleno de gas, que puede ser azul, violeta o rosado, y mide hasta unos 30 cm de largo. Este flotador sobresale del agua como una vela de barco, lo que le dio su nombre por parecerse a los antiguos barcos de guerra portugueses. Debajo del agua, cuelgan tentáculos largos y delgados, que pueden extenderse hasta longitudes de 30 metros o más, y están llenos de células venenosas llamadas cnidocitos. Se suele encontrar en aguas cálidas de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. A menudo aparece en grupos grandes y puede llegar a las playas arrastrada por el viento y las corrientes de tormentas. Es un depredador carnívoro que usa sus tentáculos para capturar peces pequeños y crustáceos, paralizándolos con veneno.
La picadura de la carabela portuguesa es muy dolorosa y puede llegar a ser peligrosa para los humanos. sus tentáculos inyectan un veneno muy potente que afecta la piel y, en casos graves, todo el cuerpo. Causa un dolor intenso, como si te azotaran, con hinchazón, enrojecimiento y ronchas lineales que duran de 2 a 3 días. Pueden aparecer ampollas o úlceras, y la picazón puede durar una semana. En algunas personas, provoca náuseas, vómitos, dolor de cabeza, calambres musculares, escalofríos o debilidad. Raramente, puede llevar a problemas cardíacos, dificultad para respirar, colapso o incluso la muerte, especialmente si hay una reacción alérgica. aunte una picadura de una de estas criaturas no se debe usar agua dulce porque empeora el dolor; se debe enjuaga con vinagre o agua salada y agua caliente. Pueden picar incluso muertas. ↩︎
Para saber más:
https://www.revista.unam.mx/vol.3/num2/sembla1
https://www.bbc.com/mundo/noticias-48603260
https://www.elcorreogallego.es/vida-y-estilo/2022/07/30/creador-balsa-sexo-109622463.html
https://www.clarin.com/viste/hace-46-anos-partia-balsa-sexo-experimento-loco-historia_0_lIPMoWeEA.html
The Raft (2018)
El documental «The Raft» (2018) de Marcus Lindeen está disponible en estas plataformas:
Apple TV: https://tv.apple.com/us/movie/the-raft/
Prime Video: https://www.primevideo.com/-/es/detail/theraft
Mubi: https://mubi.com/es/es/films/the-raft

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