Hay decenas de pinturas románticas que representan imágenes de naufragios, con gran oleaje, hombres tratando de aferrarse a los restos del barco, velas cabos, barriles y el terror ante la inevitable llegado de un final frío y cruel. Y de entre esas pinturas, «El naufragio» (The Shipwreck ) de Joseph Mallord William Turner es uno de ellos. Se trata de un óleo sobre lienzo de notables dimensiones ( 170,5 × 241,6 cm), pintado alrededor de 1805 que puede ser disfrutado en el la imponente galería Tate Britain de Londres. El cuadro muestra una escena caótica en la que vemos un barco destrozado, mástiles rotos, olas monstrusosas, y en medio de ese f´rio infiuerno de agua y espuma, pequeñas embarcaciones a bordo las que los supervivientes intentan mantenerse a flote.
El cuadro en su tiempo
Turner exhibió «El naufragio» en su propia galería de Londres en 1805 donde, casi de inmediato, fue adquirido por Sir John Leicester, que entonces comenzaba a formar una colección de arte británico con la esperanza de que pudiera convertirse en la base de una galería nacional.

Irónicamente, en 1807, Sir John devolvió el cuadro a cambio de otra obra. La muerte de un familiar del barón en el mar había hecho insoportable que pudiera contemplar el cuadro sin provocarle una angustia que no lograba superar, lo cual es un indicador de la fuerza narrativa que tenía la obra. Esta es una de las pinturas más grandes y dramáticamente intensas de Turner en cuanto a representación del poder destructivo del mar.
¿Cuál fue la historia real que inspiró la obra?
Existe un debate sin resolver entre los historiadores que atribuyen la inspiración de Turner para la realización de este cuadro entre dos hechos muy próximos entre si sin llegar a ponerse de acuerdo cuál de ellos fue el que pudo ser el que realmente impulsó al artista a pintarlo, uno de muchos naufragios realizado por Turner, todo sea dicho.
Una de las teorías defiende que Turner se inspiró , tras su reedición en 1804, en el famoso poema The Shipwreck de William Falconer, publicado originalmente en 1762, con ilustraciones del pintor marino William Pocock.

Falconer, hijo de un barbero de Edimburgo, se hizo marinero, y su famoso poema fue fruto de una experiencia vivida en sus propias carnes. al convertirse en uno de los tres únicos supervivientes de un terrible naufragio en un viaje de Alejandría a Venecia. Su poema le sirvió el reconocimiento y patrocinio del Duque de York así como cierta fama literaria. El poema influyó en el movimiento romántico e incluso en el «Don Juan» de Byron, siendo reeditado en múltiples ocasiones. Falconer no pudo tener un final más a la altura de la época romántica en la que vivió y se hizo popular. Murió en el mar en 1769, naufragando frente al Cabo de Buena Esperanza a bordo de la fragata Aurora.
La otra teoría defendida inicialmente por el historiador Barry Venning defiende que, tras un exahustivo estudio, el cuadro se inspiró en el naufragio de 1805 del barco de la Compañía de las Indias Orientales Earl of Abergavenny, frente a Portland Bill tras encallar durante una brutal tormenta.
Este naufragio no fue una tragedia cualquiera. El Earl of Abergavenny era un barco de la Compañía de las Indias Orientales capitaneado por John Wordsworth, hermano del célebre poeta romántico William Wordsworth. El 5 de febrero de 1805, debido a una combinación de error humano y condiciones tormentosas, el barco encalló en el banco de arena conocido como los Shambles, frente a la costa de Weymouth, y se hundió a 1,35 millas de tierra firme.

De las 402 personas a bordo, 263 perdieron la vida. Entre los fallecidos en las gélidas aguas del canal de la Mancha, se encontraba el capitán Wordsworth de quien se dice que exclamó «¡Oh, piloto! ¡piloto! ¡Me has arruinado!» mientras intentaba maniobrar el barco hacia un lugar seguro. Wordsworth se había dedicado al trabajo en el mar en buena medida para financiar la carrera literaria de su hermano William. Y por si la dimensión humana de la catástrofe no fuera suficiente, también resultó catastrófica para la compañía, pues el el barco también transportaba, entre otros bienes, 62 cofres de dólares de plata —un cargamento estimado en unas £70.000, equivalentes a unos 8,65 millones de euros en la actualidad, que nunca han fueron recuperados. William Wordsworth quedó destrozado. La muerte de su hermano en aquel terrible naufragio lo marcó profundamente y este hecho quedó reflejado en varios de sus poemas posteriores, especialmente en sus «Elegiac Stanzas», donde escribe sobre cómo el mar dejó de ser lo que era para él tras la muerte de su hermano.
¿Es el cuado una recreación fiel del naufragio del Abergavenny?
Aunque la teoría de Venning acerca de la fuente de inspiración de Turner y de sus motivaciones para realizarlo tiene mucho peso, el cuadro no es una representación exacta del Abergavenny, ya que en el naufragio real los mástiles y el aparejo del barco no sufrieron daños, mientras que Turner los muestra completamente destrozados.
Lo que probablemente ocurrió es que Turner, que tenía una relación íntima con el mar desde su infancia en Margate, tomó la tragedia del Abergavenny como detonante emocional pero pintó no el suceso concreto, sino la esencia de lo que significa un naufragio. Eso es exactamente lo que define el concepto estético del Sublime romántico: no reproducir la realidad, sino capturar su poder sobre el ser humano.
Lo Sublime: por qué lo terrorífico puede ser bello
«El naufragio» es un ejemplo casi de manual de lo que los filósofos románticos llamaban lo Sublime1. La idea es que hay experiencias tan desbordantes, como vivir tormentas, caer a abismos, sobrevivir a cataclismos, asistir a hechos terroríficos, de dimensiones incalculables, muy por encimade la escala de hombre, que generan en el espectador una una extraña mezcla de terror y admiración. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que todos hemos tenido esa sensación en más de una ocasión, como por ejemplo, ese extraño placer de miedo y admiración bajo una tormenta con lluvia torrencial, truenos y relámpagos. Los naufragios y otras catástrofes marinas eran un tema recurrente en la pintura romántica porque demostraban la fuerza primaria de los elementos, una pesadilla recurrente de todos quienes viajaban lejos de casa. Turner no pintaba el mar como un decorado. Lo pintaba como una fuerza con entidad propia, indiferente y aplastante. El hombre, en sus cuadros, siempre es diminuto y vulnerable. Eso, en 1805, era profundamente moderno.
El final del cuadro
Tras el regreso de la obra a manos de Turner, al haber sido devuelta por Sir John Leicester por resultarle insoportable su mera observación, la obra estuvo expuesta al público que visitaba la galería de Leicester en Hill Street . Posteriormente fue grabada en mezzotinta2 por Charles Turner (sin relación familiar con el pintor). La estampa se publicó en 1807 como la primera reproducción grabada de una obra de J.M.W. Turner, por suscripción.
El cuadro acabó en el museo Tate Britain como parte del Turner Bequest, la donación que el propio Turner hizo a la nación a su muerte en 1851.
Para saber más:
Tate Britain: https://www.tate.org.uk/art/artworks/turner-the-shipwreck-n00476
David Blayney Brown, Sea Pictures: Turner’s Marine Sublime (Tate Research Publication): https://www.tate.org.uk/
Historic England – Earl of Abergavenny protected: https://historicengland.org.uk/
Country Life – Shipwreck of the Earl of Abergavenny: https://www.countrylife.co.uk/8
Regency History – The wreck of the Abergavenny: https://www.regencyhistory.net/
Wikipedia – William Falconer (poet): https://en.wikipedia.org/wiki/William_Falconer_(poet)
Wikipedia – The Shipwreck (Turner): https://en.wikipedia.org/wiki/The_Shipwreck_(Turner)
- Lo sublime romántico es una categoría estética que define la fascinación ante una naturaleza imponente, vasta y amenazante, provocando una mezcla de terror y placer. El concepto nació a partir de las ideas de filósofos como Edmund Burke e Immanuel Kant. Para ellos, lo sublime no radica en la belleza equilibrada o cuantificable, sino en la pasión extrema que suscitan ciertos fenómenos, como tormentas, abismos, acantilados o la oscuridad de la noche. El terror placentero urge al saberse a salvo del peligro, permitiendo contemplar la fuerza colosal de la naturaleza con una distancia segura. Hace que el individuo tome conciencia de su propia pequeñez frente a la eternidad y el poder del mundo. Durante el Romanticismo, el paisaje dejó de ser una simple representación topográfica para convertirse en un reflejo del estado del alma. Los artistas buscaron plasmar ese sentimiento de inmensidad, soledad y melancolía a través de la pintura, la literatura y la música.
En la pintura se representan figuras humanas de espaldas, contemplando inmensos mares de niebla, montañas escarpadas o tempestades, destacando artistas como Caspar David Friedrich y William Turner. La literatura romántica se pobló de obras donde la naturaleza indomable actúa como un personaje más. Las ruinas, la noche, lo macabro y las tormentas reflejan los conflictos internos, la pasión y el tormento de los protagonistas, un movimiento cuyos máximos representantes hallamos en las obras de William Wordsworth, Samuel Taylor Coleridge, Lord Byron, Mary Shelley, Edgar Allan Poe, Walter Scott, emily Bronte, Victor Hugo o autores como José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer o Rosalía de Castro en España. ↩︎ - El grabado en mezzotinta, también llamado «a media tinta» o «a la manera negra», es una técnica de grabado en hueco que invierte el proceso tradicional: se trabaja desde el negro total hacia los blancos. Permite lograr transiciones tonales muy suaves y ricos claroscuros. (Universidad Complutense) ( ↩︎

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